Sala Ensalle. Vigo 29-I-06
Teatro Vuelta de Tuerca
LA FELICIDAD EN DÍAS SOMBRÍOS.
En cierta medida, convertir la rutina en algo precioso, en algo maravilloso, en un motivo de alegría, es un arte.
En cierta medida, vivir es también extraer de los días, la divinidad que subyace en ellos.
En cierta medida, caminar a través del tiempo, es buscar una ilusión en el fondo de una bolsa, en la voz amada de un indiferente compañero o en una mirada que ansía, realmente, vernos desaparecer.
Beckett calificó a Winnie (la protagonista de esta historia) como una mujer profundamente frívola, atolondrada, charlatana, inconsciente y luchadora.
No creo que sea frívola. No creo que sea atolondrada. No creo que sea inconsciente.
¿Charlatana?... Obviamente sí... Pero ¿Le queda algo más que las palabras?
¿Luchadora?... Rotundamente sí. Lucha para olvidar su desierto, porque lo conoce. Lucha para olvidar que nadie, ni tan siquiera Willie, (su marido) sería capaz de desenterrarla. Lucha por hacer de sus pequeñas cosas, grandes maravillas. Lucha por recordar una canción que silencie el grito áspero de un timbre que marca el principio y el fin de un día feliz... A pesar de todo.
Samuel Beckett, con esta obra, lanzó una mirada certera hacia la dureza de una vida que, a pesar de todo, no decidimos abandonar.
Da voz a una mujer en cuyas palabras respiramos todos...Porque todos nos hemos engañado en más de una ocasión.
Los días felices es un texto necesario; un texto solidario, que ha sido llevado a escena a menudo.
En este caso, ha sido la compañía Teatro Vuelta de Tuerca, la que ha escogido esta reflexión, esta confesión, para regalársela a un público ansioso por la felicidad en unos días sombríos.
Marta Alonso ha tomado las palabras de Winnie, las ha acercado a la actualidad y ha prestado su imagen a esa mujer que se encuentra atrapada en una montaña. En ese agujero transcurrirán sus días, en un monólogo apenas contestado por un marido, que interpreta Karlos Aurrekoetsxea y que sólo al final de ese día feliz, a pesar de todo, va a vivir del lado en el que Winnie podrá mirarlo.
Marta Alonso realiza una labor espléndida. Esa mujer sabe su realidad, la conoce y la odia. Vive en esa bolsa de la que extrae los objetos más insólitos, más absurdos y más nimios. Vive en la mentira que se crea, se dibuja, se canta y se proyecta. Vive en la oración que reza al comenzar y al concluir el día. Vive en la desolación con la que al final confiesa y admite no me quedan más palabras. Vive en esa pistola que emerge, rebelde, del fondo de la bolsa que Willie le regaló para hacer la compra y vive en la misteriosa mirada de él cuando repta con suma dificultad, cuando extiende la mano y pronuncia su nombre, cuando se rinde y se para, ante la mirada de ella, cuando se engaña una vez más y nos engaña... Al hacernos creer que ese hombre, a su manera, la quiere... ¿Pero qué quiere ese hombre?