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EL ÚLTIMO OTOÑO

Se le secaba el mar, igual que se le secaba la vida. Sabía que aquellos eran los últimos días de su travesía. La inmensidad de la muerte lo estaba esperando. Aquel sería su postrero viaje, pero antes de anidar para siempre en el fondo del mar quería recorrer en su velero, de nuevo, el mar Mediterráneo, desde siempre, su única patria, y para siempre, su única tumba. Aquel mar, voluptuoso para sus amantes, fraternal para sus amigos, infinito para sus velas, libre para sus sueños, sería muy pronto, eterno, para su cuerpo.

Desde lo más alto del mástil, como una hoja que abandona para siempre su rama, se precipitó sobre la fría alfombra azul y logró, por fin, en el último instante de su vida, superar su miedo al agua.

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