Blogia
ebora

En un lugar de manhattan (Els Joglars)

 

 

Rafael Esteban

 

Ilustración: Arnal Ballester
Ilustración: Arnal Ballester

Algo deben haber hecho los vanguardistas a Albert Boadella y Els Joglars. Si no, no se entiende la fijación que el director catalán y su compañía tienen con los artistas a la última. Primero fue en 'El retablo de las maravillas' donde arremetían contra los modernos y, ahora, cuando prácticamente no han empaquetado los bártulos de su estreno cervantino, regresan al mismo espacio con 'En un lugar de Manhattan', su versión de 'Don Quijote' que representarán en el Teatro Albéniz hasta el 8 de enero.

La obra surgió como una propuesta de la Comunidad de Madrid para conmemorar el cuarto centenario de la publicación del libro de Cervantes. Al grupo le pareció bien la idea, estudió la situación y encontró en los numerosos montajes de este año -que han convertido al personaje de «Alonso Quijano en un 'mindundis' cualquiera», según Boadella, responsable de la dramaturgia y dirección de la obra- el enemigo con el que batirse de manera quijotesca: la vanguardia.

Personajes femeninos

Una vez escogido el asunto, faltaba poner nombre a los nuevos molinos de viento a los que se iba a atacar. El honor le ha correspondido a una directora de teatro argentina, interpretada por Pilar Sáenz, que para sentar cátedra traslada a Manhattan la localización de un montaje que está preparando. Pero la ocurrencia de la moderna 'regista' continúa, pues «tratando de no contaminarse con el libro de Cervantes, decide no leerlo», en palabras del principal actor de la compañía, Ramon Fontserè, «sino que quiere hacerlo suyo y montar una obra con la idea que, según ella, tienen los españoles del personaje».

Y, ya como remate de la faena, «pretende ser más original que nadie y decide la 'pajarada' de que Don Quijote y Sancho sean dos personajes femeninos, interpretados por mujeres» (Minnie Marx y Dolors Tuneu, respectivamente), en vez del arcaísmo de que esos papeles sean representados por hombres.

Pero un elemento se le escapa a la revolucionaria de la escena. La directora se topa, al igual que les pasó con la Iglesia a los dos personajes creados por Cervantes, con un par de fontaneros del teatro que le chafan el experimento, descubriéndose como «los auténticos Don Quijote y Sancho».

Ambos, «con su comportamiento y su forma antigua de hablar, ensalzan una manera quijotesca de ver la vida, que contrasta con la vanguardista propuesta de la directora», continúa Fontserè, quien interpreta al fontanero-Quijote, mientras que Pep Vila es su compañero de partida.

Un mundo de valores

A este hecho se suma el comportamiento de los 'auténticos' actores durante el ensayo del montaje. Éstos se encuentran con una situación, en un principio, desconcertante, que luego tratarán de aprovechar y se adentran, junto a los fontaneros, en un universo totalmente desconocido para ellos.

Este mundo propugna valores como «la caballerosidad, el honor, la dignidad y la defensa de unos ideales», sin importar el resultado final de los acontecimientos. Frente a eso, se sitúa la falsa modernidad de la directora, que busca la apariencia por encima de todo, y a quien no le importa si, en realidad, lo que hace con su producto es «vender humo o algo más sólido».

Fontserè reivindica el Quijote 'antiguo', «el de las crestas de locura». El actor ve al personaje y a su compañero Sancho -al igual que la mayoría de los últimos papeles que ha hecho, entre los que cita el punto quijotesco de algunos de ellos, caso de Dalí o del también cervantino de 'El retablo de las maravillas'- como «gente con ideas muy sólidas, espíritus muy abiertos, librepensadores sin tener miedo de ser incorrectos», una definición que cuadra muy bien con la filosofía de Els Joglars.

Preparativos

La formación, con Boadella al frente, es la única responsable de todos los aspectos de este montaje, preparado durante un año en una masía de Cataluña con su ya tradicional método de trabajo.

 

Mi debilidad por el teatro de Els Joglars es confesa y desde hace algunos años procuro no perderme ningún montaje de la compañía encabezada por Albert Boadella. Ahora nos presentan “En Un Lugar de Manhattan” una obra que surge por un encargo de la Comunidad de Madrid, parece que directamente por su presidenta, Esperanza Aguirre, cosa que no deja de sorprenderme aunque favorablemente. No se si tendrá que ver con la oposición de Boadella al proyecto nacionalista y la implicación de la izquierda catalana en él. O con la creación de esa plataforma junto a otros intelectuales como Félix de Azua, Arcadi Espada, etc., para protestar por la deriva nacionalista de Catalunya e intentar formar un partido político de corte progresista y no nacionalista. Pero sean cuales fueren las razones extra-culturares del encargo, la elección de Els Joglars para realizar un montaje de teatro que conmemore el IV centenario de la publicación del Quijote, parece de lo más acertada desde un punto de vista meramente artístico: por una parte porque el último montaje de la compañía, El Retablo de las Maravillas, demostró que la compañía tiene recursos, perspectiva, gusto y sentido analógico-crítico para interpretar a Cervantes en clave actual, sin que por ello se pierda en un ápice la genialidad de su obra. Por otra parte, está sobradamente demostrado que Els Joglars es una de las compañías más solventes, ingeniosas, críticas, originales y depuradas técnica y artísticamente de nuestro teatro contemporáneo.

Con este convencimiento acudí al Teatro Albéniz de Madrid, sin disimular cierta emoción por estar ante un nuevo montaje de Els Joglars y para disfrutar de este particular homenaje al Quijote. Un homenaje que no se resiste a la crítica del revisionismo de este clásico de la literatura, lo que le da a Boadella un nuevo argumento para cargar contra las vanguardias que tanto le incitan a la sátira. En ese aspecto En Un Lugar de Manhattan, recoge las constantes del teatro de Els Joglars, no sólo por su particular vendetta frente a las expresiones artísticas rupturistas e incomprensibles, sino porque también retoma los puentes que establecen los clásicos con la crítica a la realidad actual o especiales fijaciones como esa exaltación del folcklore catalán como seña de identidad, que ya fue objeto de sus ironía en montajes anteriores, especialmente en "La Increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla".

Lo mejor de la obra es que el ingenio de Boadella como dramaturgo vuelve a relucir en escena y el trabajo de los actores sigue siendo impecable, porque denota una preparación meticulosa en expresión corporal, voces e interpretación y porque la compañía se ha consolidado como un engranaje de precisión interpretativa, que aprovecha al máximo las virtudes de sus componentes. Ramón Fontserè vuelve a estar inmenso, Pep Vila, al igual que en “El Retablo”, es el escudero perfecto y las aportaciones de Xavier Boada, Xavi Sais, Dolors Tuneu, Jesús Agelet, Minnie Marx, Francesc Pérez y Pilar Sánchez son imprescindibles para este montaje, que quizás sea el que más vocación coral tiene de los puestos en escena por la compañía.

Por contar algunas pequeñas decepciones del montaje, quizás está sea una obra en la que el ritmo al que nos tiene Els Joglars se ralentice un poco y en el que los sketch estén incluidos con más artificiosidad, dado que parece predeterminado que algunos pasajes del Quijote (La Aventura de los Galeotes, el yelmo de mambrino, los turcos y la berbería…) eran de referencia inevitable para la Boadella. Algunos de estos engarces son algo forzados, otros están hechos con un ingenio que minimizan la impresión anterior. También la escenografía es más simple y funcional que en otras ocasiones, pero en cambio hay una gran labor de vestuario y una inteligente y visual utilización de las impresionantes armaduras que aparecen en la obra.

Dice Boadella que ya no quedan Quijotes en España, que esa impronta soñadora, justiciera y un poco desvariada se ha borrado de nuestra esencia en aras de actitudes más mundanas y probablemente más mezquinas. Quizás tenga razón y este Quijote tan especial, es una divertida, disparatada y a la vez lúcida argumentación de esta afirmación.

0 comentarios