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Etimologías

gilipollas

gilipollas


 

Tanto el argentinismo gil como el españolismo gilipollas son palabras de uso vulgar. La primera es empleada en el Río de la Plata desde comienzos del siglo XX; la segunda es de uso en España y se encuentran registros desde la primera mitad del siglo pasado.
Ambas provienen de caló jilí (tonto, memo), probablemente influenciado por el nombre propio Gil. Gobello, en su Diccionario del lunfardo menciona los aumentativos 'gilón' y 'gilún', este último con influencia del genovés, así como los despectivos 'gilastro' y 'gilastrún'.
En el tango Cambalache, de Enrique Santos Discépolo, popularizado por Carlos Gardel, se dice:

Siglo XX cambalache
problemático y febril
el que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
La forma peninsular se forma mediante la unión de gilí (también 'tonto', 'memo') con 'polla' en su acepción vulgar de 'pene'. Un ejemplo de su uso lo encontramos en este trecho de Arturo Pérez Reverte, en La reina del sur:
Entonces él, mentón sin afeitar, ojos enrojecidos de sueño, se rascó el pelo revuelto y le preguntó si estaba loca o se había vuelto gilipollas o qué. Hasta que ella se levantó desnuda de la cama, y tal como estaba sacó su maleta del armario y empezó a meter cosas (...).

El diccionario de la Academia incluye también el españolismo gilí, del mismo significado y origen, aunque sin la marca de vulgarismo que atribuye solamente a gilipollas.
El vocablo caló original, jilí se deriva de jil (fresco) y este de jilar (enfriar). Muchos etimólogos suponen que la acepción de 'fresco' sugirió la idea de 'nuevo' y, de ahí, la de 'cándido', 'inocente', de donde 'incauto', 'tonto'.

Rumpere

LA PALABRA DEL DÍA

rutina

El verbo latino rumpere dio lugar a un vasto conjunto de palabras de nuestra lengua, además de romper. Con el prefijo ex-, se formó eruptio, -onis, derivado de erumpere, que dio lugar a erupción, en el sentido de ‘salida brusca e impetuosa’ pero también a irrupción. En efecto, los latinos decían in provinciam eruptionem facere (hacer una irrupción en la provincia).

Con el prefijo inter- se formó interrumpere (interrumpir, con base en la idea de ‘cortar al medio’).

Otra palabra que proviene del verbo latino es ruta, que nos llegó a través del francés route. El lector podrá preguntarse cuál puede ser la relación entre romper y ruta, pero lo cierto es que en latín vulgar de la Galia se decía rupta via (camino roto) con el mismo sentido con que hoy decimos en castellano ‘romper camino’, es decir, cortar, ‘romper’ los matorrales para abrir un camino. Y una vez que el camino está abierto y es recorrido muchas veces se convierte en una rutina, que inicialmente se refirió a una ‘ruta muy frecuentada’, pero que hoy ya denota ‘hábito adquirido’, ‘costumbre de hacer las cosas sin necesidad de pensar en ellas’.

Verbena

verbena

Además de una planta anual, muy común en España, la verbena es, también en la Península, una 'fiesta popular con baile que se celebra por la noche, al aire libre y, normalmente, con motivo de alguna fecha especial'. ¿Cómo se llegó a este segundo significado? Bien, en bajo latín, verbena se usaba para designar cada uno de los ramos de verbena, laurel, olivo o mirto llevados por los sacerdotes paganos en sus sacrificios.
El nombre de la planta llegó al castellano inicialmente como berbena, según aparece registrado en 1399 y más tarde con la forma actual, verbena.
Además de los sacrificios rituales, los ramos de verbena fueron usados en España desde la Edad Media por la medicina popular para diversas afecciones, pero para que hiciera efecto, los ramos debían ser cortados muy temprano por la madrugada. De esa tradición surgió la expresión 'coger la verbena', con el sentido de 'madrugar mucho'.
A partir del siglo xix, se dio el nombre de verbena a las fiestas populares anuales de San Juan y San Pedro, debido a que tradicionalmente se prolongan hasta altas horas de la madrugada.

Viaje

LA PALABRA DEL DÍA

Los romanos llevaron a todos los rincones del Imperio la tecnología imperial de los acueductos, desarrollada inicialmente en Roma, que más tarde les permitió irrigar áreas secas en diversas regiones. En España se destacó el acueducto de Segovia, -construido bajo el gobierno de Claudio I, a mediados del siglo I d.de C.- cuyos arcos monumentales sostenían el camino del agua sorteando desniveles de hasta 30 metros para llevar el agua a las zonas más elevadas de la ciudad.
Algunos viaductos menos conocidos eran subterráneos, es decir que transportaban el agua por debajo de la tierra. Eran los "caminos del agua" o, para los romanos via aquae, expresión que los mozárabes de Castilla adaptaron a su lengua, pronunciando viaje.
Cuando esta palabra madrileña llegó a la lengua española, significó 'el camino subterráneo del agua', acepción que luego se fue extendiendo a otros caminos a cielo abierto y a otros viajeros diferentes del agua.

http://www.elcastellano.org/palabra.html