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Un profeta

20111215221315-profeta.jpgTítulo: Un prophète
Año: 2009
Duración: 155 minutos
País: Francia
Director: Jacques Audiard
Reparto: Jacques Audiard
Guión: Jacques Audiard y Thomas Bidegain
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Stéphane Fontaine
Producción: Why Not Productions / Chic Films


El veterano Jacques Audiard consiguió sorprender y entusiasmar con la maestría desplegada en su última obra, indudablemente favorita por cada certamen y festival que recorrió durante el pasado año. Un ejercicio de sobriedad narrativa que no busca necesariamente la radiografía sociológica al que es propicio un drama carcelario en la Francia actual, ni tampoco imitar o reflejarse en los tópicos del género que Hollywood ha vestido al mismo. No le hacía falta, el cine francés siempre se ha mostrado especialmente certero en el género policíaco (especialmente en las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado).

Como es el caso. ‘Un profeta’ que consigue plasmar con maestría, gracias en principio, a su soberbio guión, una historia de superación, de la brutalidad, violencia y la necesidad de mimetizarse en la crudeza del ambiente en prisión, para sobrevivir. Y para ello, asistimos con una narración descarnada, sobria, no exenta de mostrar la dureza sin miramientos, a la historia de aprendizaje de un joven protagonista sin pasado.


El guión, firmado por el propio Audiard y Thomas Bidegain, es una auténtica joya digna de estudio para futuros cineastas. Su construcción, compleja, encaja a la perfección con una estructura que se mueve en dos planos. Uno, podríamos definir el del aprendizaje, el más realista, directo, cara a cara, que muestra al protagonista y su progreso durante su transcurso en la cárcel. Y otro sería el que deja paso a cierto lirismo, plasmado en forma de pequeños retazos oníricos que sirven como pausa a la dura historia de Malik El Djebena en prisión y que sirven, además, para definir, dibujar y otorgar profundidad psicológica al protagonista (y que es un fiel reflejo de la mala conciencia). Algo que ayuda enormemente a enriquecer el conjunto, a la vez que aportar una nueva dimensión al drama, que acaba traspasando las fronteras del género


Además del mencionado guión de ‘Un profeta’, no se puede negar que gran parte del sobresaliente resultado de la cinta se sustenta en el prodigioso trabajo actoral. Todos notables en sus intervenciones, aunque destaque el protagonista por su inspiradísimo y prodigioso trabajo. El desconocido Tahar Rahim compone a un joven sin pasado, que con apenas 19 años acaba en prisión y por delante seis duros años en los que tendrá que aprender a sobrevivir. Es su historia –la historia– la de la superación. La de la obligada caída en el envilecimiento, como examen vital para encontrar un sentido a su existencia. Y lo consigue mostrar con una sorprendente interpretación, llena de pasión, de entrega, de verosimilitud, especialmente a la hora de mostrar la maduración y transformación del personaje.

El relato de Malik El Djebena atrapa desde el primer plano y coge de la mano al espectador para trasladarlo con enorme realismo al escenario sórdido y crudo de una cárcel francesa actual, donde la multiculturalidad es una realidad que impone sus normas y acrecienta la jerarquía. Así, el joven Malik, de origen árabe, pero inculto acaba bajo el yugo de los corsos, que dominan y controlan a su entero antojo todos los entresijos intramuros. Pero, a la vez su despierto carácter y la necesidad de disponer de armas de supervivencia se verá inclinado a establecer relaciones con los de su mismo origen.



La realización de Audiard otorga ese realismo necesario a base de su narración austera, con una puesta en escena contundente, vibrante, de una sequedad tan afilada como una cuchilla (y sin duda excelentemente bien acompañada musicalmente por la partitura de Desplat). Cámara en mano no deja resquicios a las florituras en las escenas más violentas, en la acción. Pero tampoco en los momentos donde la tensión sólo se vive en los diálogos, especialmente entre los encuentros entre Malik y el líder de los corsos (un extraordinario Niels Arestrup), quien le enseña a base de duros golpes auténticas lecciones de manejo, control y manipulación de los débiles.

Y es que la dirección no contiene fisura alguna en todo el metraje. Sin concesión alguna, sin aproximarse ni un ápice a la épica (justo en la antítesis), Audiard nos invade con la crónica de su protagonista, un retrato certero de los entresijos en prisión, de la corrupción, del poder,... mostrada como una auténtica escuela. Y un espacio donde se forja (con sangre) la justicia y la venganza (demoledora la escena que cierra el film).

(http://www.blogdecine.com/criticas/un-profeta-autentica-y-prodigiosa-cinta-carcelaria)


Una de las afirmaciones más rigurosas y certeras que pueden hacerse respecto a los Oscar de Hollywood de 2009 es que, en conjunto, las candidatas a la categoría de mejor película de habla no inglesa superan con mucho en su grado de calidad a las diez finalistas escogidas como premio a la mejor película. Un profeta, de Jacques Audiard, sin llegar a estar libre de defectos, confirma este aspecto en sus dos horas y media largas de metraje con una historia solvente, poderosa, absorbente, violenta y fascinante. Construida como película de género, no evita mostrar todos y cada uno de los lugares comunes que ilustran el cine carcelario, desde las distintas relaciones entre guardianes y reclusos, entre éstos y también sus conexiones fuera de la prisión. Pero, al mismo tiempo, se edifica sobre una historia tan sólida y fenomenalmente escrita que consigue salir airosa de los tópicos, de lo previsible.


Un joven árabe (Tahar Rahim, excelente en su papel pero también quizá el mayor problema de la cinta) ingresa en prisión para cumplir una pena de 6 años. Obligado por la fuerza a servir a intereses parciales de una guerra interna que no tiene nada que ver con él, supone el primer paso en el escalafón de respetabilidad de los presos y, poco a poco y gracias a su carisma y algún que otro golpe de suerte en el constante enfrentamiento entre los grupos de delincuentes y terroristas corsos y el resto de reclusos, se hace con un nombre y una posición que le permiten no sólo mejorar su calidad de vida en la cárcel sino trasladar sus actividades a la calle.

Un profeta es hipnótica y cautivadora desde su inicio, firme y precisa en su desarrollo, quizá un poco pasada de minutos y encontrando el principal problema en la figura del protagonista, espléndido pero al mismo tiempo tan lejano y frío que puede resultar contraproducente a la hora de pretender la identificación del espectador con su situación o de lograr su empatía en los momentos más inciertos, logra eludir (no del todo) algunos momentos en que amenaza con caer en un galimatías de densidades y jardines, y sale airosa gracias a su descarnada violencia, a su desnudez moral y a la ausencia de descansos para tomar un respiro. Contundente, inteligente, pero también algo distante, la comparación, por ejemplo, con Celda 211, revela a la perfección la abismal distancia que sigue habiendo entre las cinematografías francesa y española.

(http://www.cinissimo.com/critica-un-profeta-magistral-drama-carcelario-excelente-cine-frances/)
15/12/2011 22:13 ebora Enlace permanente. Películas No hay comentarios. Comentar.

Cita de Jim en Jules et Jim

Yo soy un fracasado. Lo poco que sé se lo debo a mi profesor Albert Saurrell. ¿Qué quieres ser?, me preguntaba. ¿Diplomático? ¿Tienes una gran fortuna? No. ¿Puede con un mínimo de legalidad añadir a su patronímico un nombre célebre o ilustre? No. Entonces renuncie a la diplomacia. Pero, ¿qué puedo ser? Un curioso. Eso no es una profesión, todavía. Viaje, escriba, traduzca... Aprenda a vivir en cualquier sitio. Empiece en seguida. El futuro es de los curiosos. Los franceses han permanecido mucho tiempo en sus fronteras. Siempre encontrará algún periódico que cubra sus gastos.
Jim ( en la película de François Truffaut Jules et Jim -1962-)
15/11/2011 21:51 ebora Enlace permanente. Citas No hay comentarios. Comentar.

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Nada de Janne Teller

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La moderna y pagada de sí misma sociedad actual está muy poco acostumbrada a mirarse al espejo, prefiere regalarse los oídos oyendo decir lo equitativa, humanitaria, atenta y libre que es, más bien que atreverse al cara a cara con su reflejo, a tener la valentía de mirarse a los ojos y ver las vísceras de las que está compuesta interiormente. Cuando lo hace se asusta, tiene miedo. Eso ha sucedido en la última década con este libro. Nada de la danesa Janne Teller ha sido censurado, prohibido y detestado a la vez que recomendado, premiado y obligado a leerse. “Espejito, espejito ¿quién es la más guapa?” Si quieren saber la respuesta lean Nada. LEER MÁS


Para lograr el exorcismo de mirarnos a los ojos es necesario que quien nos refleje tenga la objetividad máxima. Normalmente esa inocencia se la atribuimos a los niños, y es por eso que los protagonistas de esta historia son niños. Criaturas bien intencionadas como habremos sido todos nosotros, deseosos de ayudar a un compañero que se ha subido a un ciruelo.

Ese el comienzo de esta fábula contemporánea, Pierre Anthon descubre que en realidad nada importa en la vida por lo que abandona la escuela, se sube a un árbol y se dedica a filosofar delante de sus compañeros. Verdades como puños salen de sus labios mientras sus condiscípulos tratan de ayudarle demostrando que hay muchas cosas en la vida que realmente valen la pena, que tienen significado.

Cada uno deberá ofrecer su dádiva sacrificatoria ante el “altar” del significado para convencer a Anthon que bajar del árbol y callarse la boca es lo mejor. Esa búsqueda de significado poco a poco se convierte en una sucesión de las miserias, vergüenzas, envidias y codicias adultas en boca de niños.

Esto adquirirá unas dimensiones que se escapan de las manos de los chicos y que demostrará quién tiene al final razón.

Teller muestra su oficio puesto que escribe una obra terrible con personajes y palabras sencillas, sin ofensas, estridencias ni escándalos. Casi es dulce y benévola al hacerlo, lo cual sin duda magnifica la tragedia que representa. Un drama moral que nos sujeta la cara mientras nos miramos y nos enseña en lo que nos hemos convertido.

¿Se atreven a hacer la prueba y mirarse en el espejo? Salvo que esté sobornado como el del cuento, no les gustará lo que vean, seguro.

Pepe Rodríguez (www.elplacerdelalectura.com)

FICHA DEL LIBRO

Título: Nada | Autor: Janne Teller | Editorial: Seix-Barral| Páginas: 160| Precio : 16€

31/08/2011 16:27 ebora Enlace permanente. Novelas No hay comentarios. Comentar.

La tregua de Mario Benedetti

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Lunes 24 de febrero

Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. Es evidente que me concedió una tregua. Al principio, me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad. Me resistí con todas mis fuerzas, después me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad, era solo una tregua. Ahora estoy otra vez metido en mi destino. Y es más oscuro que antes, mucho más.

(La tregua es una novela de Mario Benedetti escrita en 1960 situada en Montevideo, Uruguay. Toda la novela está escrita en forma de diario, que es escrito de Febrero de 1958 a Mayo de 1959 por Martín Santomé, un hombre viudo de 49 años que esta a punto de jubilarse y tiene en su vida un momento de "tregua", debido a su enamoramiento de una joven compañera de trabajo, Avellaneda.)

Citas

  • Yo tendría que sentirme orgulloso de haber quedado viudo con tres hijos y haber salido adelante. Pero no me siento orgulloso, sino cansado. El orgullo es para cuando se tienen veinte o treinta años. Salir adelante con mis hijos era una obligación, el único escape para que la sociedad no se encarara conmigo y me dedicara la mirada inexorable que se reserva a los padres desalmados. No cabía otra solución y salí adelante. Pero todo fue siempre demasiado obligatorio como para que pudiera sentirme feliz.
  • Era un borracho extraño, con una luz especial en los ojos. Me tomó de un brazo y dijo, casi apoyándose en mí: "¿Sabés lo que te pasa? Que no vas a ninguna parte". Otro tipo que pasó en ese instante me miró con una alegre dosis de comprensión y hasta me consagró un guió de solidaridad. Pero ya hace cuatro horas que estoy intranquilo, como si realmente no fuera a ninguna parte y sólo ahora me hubiese enterado.
  • Hay momentos en que tengo y mantengo la lujosa esperanza de que el ocio sea algo pleno, rico, la última oportunidad de encontrarme a mí mismo.
  • Hay una especie de reflejo automático en eso de hablar de la muerte y mirar en seguida el reloj.
  • Sé que tenía ojos verdes, pero no puedo sentirme frente a su mirada.
  • Acaso mirábamos demasiado los números, las sumas, las restas, y no teníamos tiempo de mirarnos nosotros.
  • A veces me siento desdichada, nada más que de no saber qué es lo que estoy echando de menos.
  • Por primera vez, una mujer. Siempre les tuve desconfianza para los números. Además, otro inconveniente: durante los días del período menstrual y hasta en sus vísperas, si normalmente son despiertas, se vuelven un poco tontas; si normalmente son un poco tontas, se vuelven imbéciles del todo.
  • No sé qué tendrá mi cara que siempre invita a la confidencia. Me miran, me sonríen, algunos llegan hasta a hacer la mueca que precede al sollozo; después se dedican a abrir su corazón. Y, francamente, hay corazones que no me atraen.
  • Si alguna vez me suicido, será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso.
  • Francamente, no sé si creo en Dios. A veces imagino que, en el caso de que Dios exista, no habría de disgustarle esta duda.
  • Tengo pocos amigos y Aníbal es el mejor. Por lo menos es el único con quien puedo hablar de ciertos temas sin sentirme ridículo. Alguna vez tendremos que investigar en qué se basa nuestra afinidad.
  • Está la opinión que uno puede tener de sí mismo, algo que increíblemente tiene poco que ver con la vanidad. Me refiero a la opinión cien por ciento sincera, la que uno no se atrevería a confesarle ni al espejo frente al que se afeita.
  • La verdad es que esa excelente opinión de mí mismo ha decaído bastante. Hoy me siento vulgar y, en algunos aspectos, indefenso. Soportaría mejor mi estilo de vida si no tuviera conciencia de que (sólo mentalmente, claro) estoy por encima de esa vulgaridad. Saber que tengo, o tuve, en mí mismo elementos suficientes como para encaramarme a otra posibilidad, saber que soy superior, no demasiado, a mi agotada profesión, a mis pocas diversiones, a mi ritmo de diálogo: saber todo eso no ayuda por cierto a mi tranquilidad, más bien me hace sentir más frustrado, más inepto para sobreponerme a las circunstancias.
  • La seguridad de saberme capaz para algo mejor, me puso en las manos de la postergación, que al fin de cuentas es una arma terrible y suicida.
  • Lo que deseo ahora es mucho más modesto que lo que deseaba hace treinta años y, sobre todo, me importa mucho menos obtenerlo. Jubilarme, por ejemplo. Es una aspiración, naturalmente, pero es una aspiración en cuestabajo. Sé que va a llegar, sé que vendrá sola, sé que no será preciso que yo proponga nada. Así es fácil, así vale la pena entregarse y tomar decisiones.
  • Una de las cosas más agradables de la vida: ver cómo se filtra el sol entre las hojas
  • Tiene algo de razón, pero me desalienta que tenga razón.
  • Hace unos cuantos días que la noto apagada, casi triste. Eso sí, le sienta la tristeza.
  • Después de mucho exprimirme el cerebro llegué al convencimiento de que lo que está peor es la resignación. Los rebeldes han pasado a ser semi-rebeldes, los semi-rebeldes a resignados
  • Antes sólo daba su coima el que quería conseguir algo ilícito. Vaya y pase. Ahora también da coima el que quiere conseguir algo lícito. Y esto quiere decir relajo total.
  • Antes de empezar a olvidarse, tiene que acordarse, que empezar a acordarse.
  • Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y, sobre todo, con público. Pero, cuando además de desgraciado, uno se siente opaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad.
  • "¿Ya pasó todo?", pregunté. "Sí, pasó todo." Era mentira, pero ambos compredimos que hacía bien en mentir.
  • Todo estuvo tan bien, que no vale la pena escribirlo.
  • Ella me daba la mano y no hace fala más nada. Ella me da la mano y eso es amor.
  • Esos inútiles que pecan por el mero hecho de vivir.
  • Qué feo es eso de que le digan a uno la verdad, sobre todo si se trata de una de esas verdades que uno ha evitado decirse aún en los soliloquios matinales, cuando recién se despierta y murmura pavadas amargas, profundamente antipáticas, cargadas de autorrencor, a las que es necesario disipar antes de despertarse por completo y ponerse la máscara que, en el resto del día, verán los otros y verá a los otros.
  • De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento, pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad.
  • No sé, yo querría que Dios existiese. Pero no estoy seguro. Tampoco estoy seguro de que Dios, si existe, vaya a estar conforme con nuestra credulidad a partir de algunos datos desperdigados e incompletos.
  • Después ya en casa, Blanca me dio un abrazo, uno de esos abrazos que ella no derrocha y que por eso mismo son más memorables.
  • La verdadera división de las clases sociales, habría que hacerla teniendo en cuenta la hora en que cada uno se tira a la cama.
  • A mi me cuesta ser cariñoso, inclusive en la vida amorosa. Siempre doy menos de lo que tengo. Mi estilo de querer es ése, un poco reticente, reservando el máximo sólo para las grandes ocasiones.
  • Ya sé ahora que mi soledad era un horrible fantasma, sé que la sola presencia de Avellaneda ha bastado para espantarla, pero sé también que no ha muerto, que estará juntando fuerzas en algún sótano inmundo, en algún arrabal de mi rutina. Por eso, sólo por eso, me apeo de mi suficiencia y me limito a decir: ojalá.
  • Son raras las veces que pienso en Dios. Sin embargo, tengo un fondo religioso, un ansia de religión. Quisiera convercerme de que efectivamente poseo una definción de Dios, un concepto de Dios. Pero no poseo nada semejante. Son raras las veces que pienso en Dios, sencillamente porque el problema me excedetan sobrada y soberanamente, que llega a provocarme una especie de pánico, una desbandada general de mi lucidez y de mis razones.
  • Yo necesito un Dios con quien dialogar, un Dios en quien pueda buscar amparo, un Dios que me responda cuando lo interrogo, cuando lo ametrallo con mis dudas (...) me importa un Dios que está a mi alcance, me importa asirlo, no con mis manos, claro, ni siquiera con mi razonamiento. Me importa asirlo con mi corazón
  • Hay que lograr que se despierte en los demás la vergüenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día en que el uruguayo sienta asco de su propia pasividad, ese día se covertirá en algo útil.

 

31/08/2011 16:22 ebora Enlace permanente. Novelas No hay comentarios. Comentar.

Te querré siempre (Viaggio in Italia) de Rosellini

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Te querré siempre

TÍTULO ORIGINAL Viaggio in Italia
AÑO
1954
DURACIÓN
80 min.
PAÍS
l
DIRECTOR Roberto Rossellini
GUIÓN Roberto Rossellini, Vitaliano Brancati, Antonio Pietrangeli
MÚSICA Renzo Rossellini
REPARTO Ingrid Bergman, George Sanders, Maria Mauban, Paul Muller, Anna Proclemer, Leslie Daniels
SINOPSIS Un matrimonio inglés viaja a Italia para vender una villa que ha heredado cerca de Nápoles. Al alejarse del ambiente londinense y encontrarse en un paisaje y en un mundo ajenos, la pareja experimenta sentimientos olvidados, como los celos y el resentimiento.

Pero, ¿porque es moderna Te querré siempre? ¿En que consiste esa modernidad? ¿Qué cualidades o peculiaridades hacen que sea considerada como una gran película?

Es probable que más de un espectador al ver por primera vez el filme no haya captado esta grandeza hasta el final y por los pelos o incluso que se le haya escapado por completo. Esto quizá es así porque tendimos a asociar lo moderno con lo rompedor, y, posiblemente, lo rompedor con algo impactante, sobretodo visualmente. Y, al menos a primera vista, Te querré siempre no convulsiona al espectador. Más bien parece que no pasa absolutamente nada a lo largo de toda la película. O bien pocas cosas. La trama es sencilla: Los Joyce, un matrimonio inglés (interpretado por Ingrid Bergman y George Sanders), realizan un pequeño viaje por Italia, hasta Nápoles, donde se encuentra una finca que han heredado pero que quieren vender. El viaje, que en principio es de placer, resulta ser menos divertido de lo que se esperaban. El hombre y la mujer se sienten como dos extraños en este país con unas costumbres tan distintas a las suyas. Pero además, cada uno vive esta experiencia de un modo muy distinto cosa que les hace sentir, a pesar de los años de matrimonio, como dos extraños. La incomunicación entre los dos personajes cada vez se hace más evidente, en las cortas y banales conversaciones, en los reproches y la mutua indiferencia por las preocupaciones del otro, de manera que a partir de un cierto momento cada uno decide ir por su cuenta. La mujer quiere "aprovechar" la estancia para conocer los monumentos y lugares más importantes de la zona, el hombre, indiferente al paisaje, prefiere pasar el tiempo divirtiéndose con unos conocidos que tiene en Capri o intentando tener alguna aventura con otras mujeres. La crisis se desencadena finalmente en una discusión en la que deciden divorciarse. Sin embargo, un amigo interrumpe esta conversación para hacerles la propuesta de ir a Pompeya a presenciar un acontecimiento único: ver como desentierran unos restos arqueológicos. Invitación que se ven "obligados" a aceptar. El descubrimiento, una pareja que quedó atrapada bajo el volcán por la lava hace muchos siglos provoca un fuerte impacto en el matrimonio, sobretodo en la mujer. Por lo que deciden irse de ese escenario que contrasta de forma tan contundente con su crítica situación. Una vez en la ciudad, de repente, su coche es rodeado por una multitud que no les deja avanzar. Desconcertados, salen del coche y en un momento dado la mujer es arrastrada por la masa de gente que camina en procesión. Durante unos instantes, los Joyce se pierden de vista, instantes decisivos en los cuales se dan cuenta de la necesidad que tienen el uno del otro. El reencuentro de los dos personajes significa también, pues, su reconciliación.

Esta es, de forma resumida, la historia. Como ya hemos dicho, una de les características de la película es que parece que no suceda nada, que no suceda nada de importante, especial o significativo. A primera vista, parece una historia anodina de un matrimonio bien acomodado y bastante convencional en la que marido y mujer se dan cuenta de la mutua indiferencia que se profesan. Crisis que culmina en la decisión de divorciarse. Sin embargo, la narración tiene un final aparentemente feliz y la pareja se reconcilia. Este desenlace nos podría llevar a pensar que Rossellini está defendiendo finalmente los valores establecidos del matrimonio. Y, de hecho, esta lectura es legítima, está presente. Pero si sólo se tratara de esto, no tendría más interés. En cambio, parece que hay alguna cosa que queda oculta, en una capa más profunda, y que la aparente superficialidad no deja que se manifieste de una forma explícita. Un substrato que poco a poco e imperceptiblemente va impregnando toda la película. El espectador, como el arqueólogo, no puede quedarse en la superficie. Tiene que explorar y penetrar en el interior de esta materia y descubrir los distintos substratos que la conforman. Y, en este sentido es interesante fijarse en el papel que juegan el espacio y el tiempo dentro del film y en relación con los protagonistas. Los Joyce se encuentran en un entorno que les es extraño. La Italia meridional. Las costumbres y el ambiente que se respira les son completamente ajenos. De hecho, a primera vista no parece que el filme pare demasiada atención a este paisaje, sólo en la medida en que los dos protagonistas se acercan a él -y no de forma demasiado evidente-. Pero poco a poco asistimos a la imperceptible influencia que este mundo extraño que les rodea ejerce sobre ellos. Lentamente, casi sin darnos cuenta, y sin que los personajes se den cuenta, este espacio y esta tierra va transformándoles, suscita en ellos algo que les es desconocido. Les enfrenta a algo que desconocían de ellos mismos. Pero en lugar de unirlos, les aísla más el uno del otro. Precipitándoles a una soledad y extrañeza más grande. Quizá por primera vez, se hacen conscientes de lo que significa la soledad, en tanto todo aquello que tiene la vida, la vida de cada individuo, de intransferible y de incomunicable. En el personaje que interpreta Ingrid Bergman esta sutil y lenta transformación se ve de una forma más evidente. De hecho, ella, en la voluntad de aprovechar la estancia visitando los lugares más importantes de la zona, deja que estos espacios le hablen, en parte, porque son justamente los lugares que emocionaron a un antiguo pretendiente suyo y también poeta; y quiere descubrir qué es lo que tanto le emocionó, qué es lo que él descubrió en esta tierra. El espacio exterior y "objetivo" ejerce sobre ella una fuerte influencia pero al mismo tiempo esta realidad exterior tiene algo de subjetiva. Nosotros, en tanto que espectadores, percibimos tanto la realidad objetiva como la realidad a través de su mirada. El hombre, en cambio, parece impermeable a todo lo que le rodea. Es más hermético. Muestra un absoluto desinterés y una profunda indiferencia por el país en el que se encuentra. Y, no obstante, en él también se produce esta transformación. Por vías distintas, ya sea en el intento de divertirse o de tener una aventura extramatrimonial, se enfrentará igualmente a la soledad.

Pero este espacio no sólo les deja solos ante sí mismos sino que a través de sus paisajes, de las ruinas, confronta el momento presente de los personajes con un tiempo pretérito y remoto. Y les hace conscientes de la inexorabilidad del tiempo. Cuando antes hemos dicho que la primera impresión que causaba el filme era la de que no sucedía absolutamente nada era porque, en un cierto sentido, parece que presenciemos las horas de ociosidad de los dos personajes, los tiempos muertos o suspendidos en los que no pasa nada significativo: momentos de descanso y relax, conversaciones intrascendentes, pequeñas discusiones, o bien, momentos en que la mujer visita, como cualquier turista, un lugar nuevo, o en el que el hombre busca algún sitio para divertirse. Este tiempo durante el cual no sucede nada, el tiempo de las vacaciones, pero también el tiempo de relaciones interpersonales un poco superficiales, es el tiempo presente en el que viven los protagonistas. A lo largo de todo el filme vamos descubriendo la banalidad de este tiempo en contraste con ese otro tiempo, del cual sólo quedan las ruinas. La mujer se enfrenta en varias ocasiones a la evidencia del paso del tiempo y de la muerte: En el contacto con los monumentos que han quedado de la Antigüedad, en la cueva donde se encuentran centenares de cadáveres amontonados des de hace siglos, en el recuerdo de su amigo poeta también muerto. Estas experiencias la convulsionan interiormente y provocan en ella una mirada distinta a la realidad que la rodea: como cuando observando la calle sólo ve chicas embarazadas. En esta ciudad, pues, esta mujer se enfrenta de manera física a los símbolos de vida y de muerte. A las huellas que quedan de la vida cuando ésta ha pasado: las que la historia deja en forma de ruinas y las que los individuos quizá sólo podemos dejar generando más vida. Tal vez nunca antes había sido consciente de este hecho. Como parece insinuarlo un poco más tarde una conversación con su marido en la que sabemos que si los Joyce no han tenido hijos ha sido porque la mujer no había querido tenerlos. Quizá por primera vez tiene una vivencia real de la soledad y de lo efímera que es la vida. Este proceso de enfrentamiento con preguntas nunca planteadas o con realidades hasta entonces desconocidas culminará en la visita a Pompeya. El descubrimiento de la pareja será terrible para la mujer. Los dos individuos sepultados quizá eran un hombre y una mujer, como comenta uno de los que está presente en la escena. Pero tal vez no. Lo significativo es que la lectura que hace la mujer es ésta, seguramente motivada por las experiencias anteriores. Por esta razón no podrá tolerar la visión de ésos dos seres a los cuales la muerte atrapó juntos y que se han mantenido unidos a lo largo de los siglos, porque es la huella del amor que el tiempo no ha conseguido borrar y contrasta de manera insoportable con la decisión de divorciarse que ellos acaban de tomar. También el hombre parece extrañamente afectado por esta visión, aunque de una forma menos evidente.

Pero cuando las cosas parecen ya irrevocables, se produce el instante milagroso. A lo largo de toda la película Rossellini ha abierto una serie de fisuras, entre la realidad de los personajes y esta otra realidad que les era desconocida y que no acaban de comprender, entre el uno con el otro pero también cada uno consigo mismo. Fisuras que se han ido acumulando imperceptiblemente, sin que ni espectadores ni personajes tengamos una clara conciencia de ello, como en un estado de latencia. Y de repente y fruto de un acontecimiento casual, la procesión que les engulle, los personajes se reencuentran y se dan cuenta de la necesidad que tienen el uno del otro y del amor que aún les vincula. La realidad exterior, un vez más, ha ejercido su fuerza en los personajes pero ahora de una forma activa, separándoles, mostrando su aislamiento y provocando finalmente el reencuentro y la reconciliación (2).

Este acontecimiento que antes habíamos insinuado que quizá era un final feliz de retorno a los valores más convencionales, en verdad no es tal, porque por el modo como se producen los acontecimientos parece tratarse de una cosa fortuita, que ha sucedido pero que bien podría no haber sucedido. Y de la cual tampoco sabemos si se trata de una reconciliación para siempre o sólo momentánea. Rossellini hablaba de su cine como un cine de la espera. Un cine que no muestra el momento, sino la espera. Alain Bergala habla del cine de Rossellini como un cine de la latencia. Es la fragilidad entre esa espera o esa latencia y los acontecimientos casuales, entre los tiempos en que no sucede nada y el momento en que se produce el milagro, es esa fragilidad en la que se sitúa Te querré siempre pues, lo que seguramente la convierte en una gran película. Te querré siempre cincuenta años después mantiene su extraña fuerza: seguramente por la capacidad que tiene de penetrar o descubrirnos algo verdaderamente auténtico y de crear un vínculo directo con lo real.

(1) Cita extraída del prólogo de Alain Bargala en "El cine revelado" de Roberto Rossellini, publicado por Paidós.
(2) Parafraseo una frase de Jose Luis Guarner, de su libro sobre Roberto Rossellini (p. 94).

http://www.miradas.net/0204/clasicos/2004/0401_tequerresiempre.html

22/08/2011 17:42 ebora Enlace permanente. Películas No hay comentarios. Comentar.

Linha de passe (2008)

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Dirección: Walter Salles y Daniella Thomas.
País:
Brasil.
Año: 2008.
Duración: 108 min.
Género: Drama.
Interpretación: Sandra Corveloni (Cleuza), João Baldasserini (Dênis), José Geraldo Rodrigues (Dinho), Kaíque de Jesus Santos (Reginaldo), Vinícius de Oliveira (Darío).
Guión: Daniela Thomas, George Moura y Bráulio Mantovani.
Producción: Mauricio Andrade  Ramos y Rebecca Yeldham.
Música: Gustavo Santaolalla.
Fotografía:
Mauro Pinheiro Jr.
Montaje: Lívia Serpa y Gustavo Giani.
Diseño de producción: Valdy Lopez.
Vestuario: Cássio Brasil.
Estreno en Brasil: 5 Septiembre 2008.

 

Linha de passe es la nueva película del brasileño Walter Salles, quien vuelve a trabajar con Daniela Thomas en la dirección. Ya antes lo hicieron en Terra Estrangeira (1996), O Primeiro Dia (1998), y en uno de los segmentos de Paris, je t’aime. Su nueva cinta se presenta hoy en la Sección Oficial de Cannes.

En Linha de passe el escenario vuelve a ser la caótica e inmensa Sao Paulo. En el corazón de esta megaciudad, cuatro hermanos de padres diferentes intentarán reinventar sus vidas de maneras diversas. Reginaldo, el más joven, busca obstinadamente a su padre; Dario sueña con ser futbolista, pero a sus 18 años y con millones de competidores más jóvenes, sus chances son ya muy pocas; y mientras Dinho se refugia en la religión, Denis, el mayor de los cuatro, se gana la vida montado en una motocicleta como mensajero courier. Cleusa es la madre, una ama de casa que lleva un quinto hijo en el vientre. Con eso ya se harán una idea de cómo viene la mano.

Casi todos los actores son debutantes, con excepción de Vinícius de Oliveira (Dario), el pequeño de Estación central y que también apareció en Detrás del sol, ambos filmes de Salles, director también de Diario de una moticicleta. La música la pone el argentino Gustavo Santaolalla, multipremiado en los últimos años.

14/06/2011 18:26 ebora Enlace permanente. Películas No hay comentarios. Comentar.

Verano (2010) de J.M. Coetzee

La verdad de Coetzee
JOSÉ MARÍA GUELBENZU 05/06/2010

El Nobel sudafricano abre nuevos caminos literarios con la tercera parte de su autobiografía, Verano. Repasa su vida en los años setenta a través de unos pocos hechos cruciales
A partir de Elizabeth Costello, J. M. Coetzee entró en un territorio literario donde el juego ficción-realidad, preferentemente enmarcado en textos más o menos autobiográficos, supuso un cambio de rumbo en su narrativa, un cambio asumido con tanto espíritu como riesgo, que está dando como resultado obras que se adentran decididamente en la construcción de la novela del siglo XXI. Diario de un mal año era un texto a tres bandas que contenía un ejercicio de indagación en la senectud extremadamente inteligente gracias a esa simultaneidad de voces y actitudes (un viejo, una muchacha sensual y su novio) con la que establecía un expresivo ejercicio de perspectiva y autoanálisis. Con Infancia y Juventud entraba en una suerte de memorias sui géneris cuyo tercer capítulo, bajo el subtítulo de 'Escenas de una vida de provincias III', lo constituye este Verano que ahora comentamos. Todos estos libros han sido editados en España por Mondadori.
Si no olvidamos que, a fin de cuentas, Coetzee está hablando finalmente de sí mismo, el ejercicio de escritura se convierte en un verdadero alarde
Infancia y Juventud son dos novelas autobiográficas escritas en tercera persona. Recogen dos etapas de la vida de un tal John Coetzee; la primera, su vida de niño en la región de Karoo, alejada de la civilización urbana; la segunda se sitúa en Londres, adonde un joven John Coetzee se traslada tras estudiar en la universidad de El Cabo. Verano, en cambio, toma otro tipo de distancia y de estructura; de hecho, viene antecedida por esa persona interpuesta que él utiliza para expresar sus ideas en Elizabeth Costello. El resultado es verdaderamente notable y, sobre todo, revela una audacia literaria que no por consecuente con la última parte de su obra deja de ser un reto original que manifiesta a las claras su viveza de espíritu y su apuesta irreductible por la verdad literaria; lo que en los tiempos que corren resulta muy gratificante.
El libro está dividido en siete capítulos. Cinco de ellos se corresponden con personas que conocieron a John Coetzee, cuatro mujeres y un hombre. De las cuatro mujeres, al menos dos tuvieron una relación erótica con él. El quinto es un hombre al que conoció por coincidir con él en la antesala de una entrevista de trabajo y con quien entabló una cierta amistad. El texto está redactado en forma de entrevistas con esas cinco personas porque el artificio que usa el autor es el de crear un joven biógrafo inglés, Vincent, que está escribiendo un trabajo biográfico sobre el periodo que transcurre entre 1972 y 1975 de la vida de John Coetzee, célebre escritor galardonado con el Premio Nobel y fallecido en Australia. Las cinco entrevistas se abren y cierran con unos Cuadernos de Notas del propio John Coetzee correspondientes a esos años.
El artificio requiere confianza y pulso narrativo, pues se trata de crear a cinco personajes que, a su vez, deben de crear con su testimonio un Coetzee personal e íntimo, un Coetzee que, de cara al exterior, fue un hombre retraído y alejado de los circuitos literarios. Si no olvidamos que, a fin de cuentas, el auténtico J. M. Coetzee (afortunadamente, aún vivo) está hablando finalmente de sí mismo, el ejercicio de escritura se convierte en un verdadero alarde. Pero lo autobiográfico no debe hacernos olvidar lo literario: ¿han existido realmente esas personas o, por el contrario, son producto de su imaginación y lo único realmente comprobable es aquello que se refiere estrictamente a la vida de Coetzee y quizá no todo ello sino sólo parte? Y este es el momento de olvidar lo personal y entrar en lo literario: lo único que importa al lector, aparte de la natural curiosidad que suscita la historia, es que le están contando algo que ha de ser creíble; en este caso, creíble desde la ambigüedad de la propuesta. Y la realidad es que si consideramos estas memorias de una vida provinciana como una novela, estamos ante una novela sumamente inteligente que atrapa al lector por el camino de la imaginación, que es donde a fin de cuentas se sustancia la expresión de su autor.
La multiplicidad de voces consigue, entre otros efectos, el de crear un escenario, Sudáfrica, al que responden un conmovedor y hosco John Coetzee y su conmovedor y patético padre. Las voces establecen un paralelo natural entre su visión de Coetzee y su visión de la realidad sudafricana, lo que desemboca en la relación misma de Coetzee con su país y con su pasado. El juego es extraordinariamente complejo, sutil y de una gran riqueza de matices. La actitud ante el mundo de este hombre cerrado como una ostra se abre mágicamente ante los ojos del lector en lo que no es más que un duro y exigente ajuste de cuentas consigo mismo que, al preservar su voz -sólo aparece en los Cuadernos de Notas-, le permite exteriorizarlo sabiamente. Y detrás de todo está, a su vez, un tema eterno: la figura del artista.
Julia, su amante casada, que incluso aventura en un momento dado una interpretación de su obra en relación con él, está dispuesta a hablar de John, pero exige su cuota: hablar también de su propia vida. Margot, su prima, una figura del pasado en el presente actúa al revés: ella pregunta al biógrafo y este le va leyendo el texto que construyó con su testimonio. Adriana es un personaje fascinante que detesta a Coetzee y amplía el campo de visón, y Mario es una especie de sombra que se rozó con la de Coetzee: las que cuentan son las mujeres; el contraste entre esta y las otras voces es un acierto. Sophie, su otra amante, que es la que más habla de sus actitudes políticas y de su actitud ante la política, resume con una frase certera el espíritu del biografiado: "Para el fatalista, la historia es el destino".
Diría que el libro es deslumbrante si no fuera porque el deslumbramiento no deja ver y aquí, en cambio, lo que hacemos es, precisamente, ver. Léanlo como quieran ustedes, como cierto o como no cierto, pero léanlo; por su extrema inteligencia, por el derroche de talento, por su capacidad de convicción y por abrir nuevos caminos a la escritura narrativa. Por aquí sí se cuece el futuro de la novela
(Babelia, www.elpais.es)
30/05/2011 18:27 ebora Enlace permanente. Novelas No hay comentarios. Comentar.

A través de los olivos (1994) de Abbas Kiarostami

En 1970, un terrible terremoto sacudió el norte de Irán. La provincia quedó totalmente devastada, pero sus habitantes no se resignaron a hundirse en la miseria. A esta zona llega el equipo de rodaje de una modesta película, llamada Y la vida continúa... Un joven del lugar, llamado Hossein, es contratado para que participe en el rodaje. Hossein está muy enamorado de Frakhondé, una hermosa chica con quien no se puede casar hasta que no posea una casa propia. A Frakhondé también la eligen para participar en la película, como compañera de Hossein. Este no perderá la esperanza de casarse con su amada, ya que su razonamiento es bien sencillo: después del terremoto no queda ni una sola casa sobre sus cimientos, con lo que resulta imposible que tenga casa propia.


Una película de ritmo contenido, que parte de un argumento clásico en este director iraní. Este mismo planteamiento lo utiliza en la verdadera película Y la vida continua... con lo que la supuesta ficción del rodaje que aparece en A través de los olivos se hace realidad. Recomendable para los espectadores gustosos de un cine que no tiene nada que ver con Hollywood ni con cualquier producto convencional. Ganadora de la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid. (www.decine21.com)

Abbas Kiarostami nació en Teherán en 1940. Poeta, fotógrafo y cineasta, es el artista más influyente del Irán posrrevolucionario. Su última película, Copie Conforme (2010), protagonizada por Juliette Binoche y presentada en el último festival de Cannes, está prohibida en su país. Durante el festival, actriz y director pidieron la liberación de Jafar Panahi, director de cine encarcelado en Irán desde marzo pasado.

Irán es un país con una importante actividad sísmica. En 1990 tuvo lugar un terremoto en la región de de Manjil-Rudbar que dejó 40.000 víctimas. En 2003 volvió a repetirse la tragedia en la región de Bam. En torno al terremoto de Manjil-Rudbar giran las películas de Kiarostami Y la vida continúa (1992) y A través de los olivos (1994). A estas podemos sumar El sabor de las cerezas (1997) para formar una trilogía que, según Kiarostami, tendría como eje común la reflexión sobre el valor de la vida.

Los terremotos han tenido una importancia capital en la historia de la filosofía. El terremoto de Lisboa en 1755 dejó entre 60.000 y 100.000 víctimas. Supuso el golpe definitivo a la creencia generalizada de que existe un Ser bueno y todopoderoso que cuida del género humano y da sentido a la historia. Leibniz, defensor de esta idea y fundador de la teodicea, lo explicaba diciendo que Dios había creado el mejor de los mundos posibles. Tras el terremoto, intelectuales como Voltaire, pusieron en cuestión las ideas de Leibniz. En su novela Cándido, Voltaire parodia al filósofo alemán en la figura del doctor Pangloss.

Es evidente que un terremoto que lleva la muerte a miles de personas en unos minutos abre interrogantes de tipo filosófico: ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Existe un Dios todopoderoso que cuida de la humanidad? ¿Estamos simplemente a merced del caos y el azar? ¿Qué pueden decir el arte o la filosofía al respecto?

A través de los olivos es el modo en que Kiarostami se plantea estas preguntas. La solución que idea consiste en volver la cámara sobre sí mismo: un modo realista de responder a la pregunta de qué puede el arte frente a la catástrofe, frente al mal. La película, protagonizada por un actor que interpreta al propio Kiarostami, trata sobre el rodaje de unas escenas en una localidad muy afectada por el terremoto, Koker. Las películas rodadas en esta localidad forman la denominada trilogía del terremoto (¿Dónde está la casa de mi amigo?, Y la vida continúa y A través de los olivos)

¿Qué encuentra Kiarostami después del desastre? El murmullo del viento entre los árboles, el dolor y la miseria de viudas y huérfanos, el amor y el desamor… Instantes fugaces y efímeros, pero cíclicos y, por tanto, infinitamente repetidos. Su eterno retorno los dota una densidad y belleza únicas. Kiarostami consigue el objetivo que Tarkovski proponía para el cine entendido como arte: esculpir en el tiempo.

Ficha técnica
•Título: Zir-e derakhtān zeytoun (A través de los olivos)
•Dirección: Abbas Kiarostami
•Guión: Abbas Kiarostami
•Música: Allan Gray, Música popular iraní
•Fotografía: Hossein Rezai
•Reparto: Hossein Rezai, Tahereh Ladanian, Mohamas Ali Keshavarz, Zariefh Shiva, Farhad Kheradmand.
•País: Irán
•Año: 1994
•Duración: 108 minutos
•Idioma: persa
(www.auladefilosofia.net)
30/05/2011 17:22 ebora Enlace permanente. Películas No hay comentarios. Comentar.

Reacciona

“Pero no es merecedora la depravada edad nuestra de gozar tanto bien como el que gozaron las edades donde los andantes caballeros tomaron a su cargo y echaron sobre sus espaldas la defensa de los reinos, el amparo de las doncellas, el socorro de los huérfanos y pupilos, el castigo de los soberbios y el premio de los humildes. Los más de los caballeros que agora se usan, antes les crujen los damascos, los brocados y otras ricas telas de que se visten, que la malla con que se arman; ya no hay caballero que duerma en los campos, sujeto al rigor del cielo, armado de todas armas desde los pies a la cabeza; y ya no hay quien, sin sacar los pies de los estribos, arrimado a su lanza , solo procure descabezar, como dicen, el sueño, como lo hacían los caballeros andantes. Ya no hay ninguno que saliendo deste bosque entre en aquella montaña, y de allí pise una estéril y desierta playa del mar, las más veces proceloso y alterado, y hallando en ella y en su orilla un pequeño batel sin remos, vela, mástil ni jarcia alguna , con intrépido corazón se arroje en él, entregándose a las implacables olas del mar profundo, que ya le suben al cielo y ya le bajan al abismo, y él, puesto el pecho a la incontrastable borrasca, cuando menos se cata, se halla tres mil y más leguas distante del lugar donde se embarcó, y saltando en tierra remota y no conocida, le suceden cosas dignas de estar escritas, no en pergaminos, sino en bronces. Mas agora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentía y la teórica de la práctica de las armas, que solo vivieron y resplandecieron en las edades del oro y en los andantes caballeros”

 

(Capítulo I, Segunda Parte, pág. 556, Ed. Del IV centenario, Alfaguara)

28/05/2011 19:13 ebora Enlace permanente. Fragmentos quijotescos No hay comentarios. Comentar.

INDIGNÁDEVOS

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A edición galega ten un moi interesante prólogo de Manuel Rivas. Deixo a continuación un artigo de Le Monde Diplomatique en castelán:

Tiene 93 años. Se llama Stéphane Hessel. Y la historia de su vida es una fabulosa novela. Lo era ya, en cierto modo, antes mismo de que naciera. Algunos quizás recuerden aquella película de François Truffaut, Jules et Jim. Pues bien, la mujer anticonformista interpretada por Jeanne Moreau, y uno de sus dos amantes (1), Jules, judío alemán traductor de Proust, fueron sus padres. En la atmósfera artística del París de los años 1920 y 1930, Stéphane Hessel creció rodeado de los amigos de la casa, entre otros, el filósofo Walter Benjamin, el dadaísta Marcel Duchamp y el escultor Calder...
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se alista en la Resistencia y se suma, en Londres, al equipo del general De Gaulle, quien le confía una peligrosa misión en territorio francés. Detenido por los nazis, es torturado y deportado al campo de exterminio de Buchenwald, de donde trata, una y otra vez, de evadirse. Lo acaban capturando y lo condenan a la horca. A punto de ser ejecutado, consigue usurpar la identidad de un muerto y logra por fin evadirse. Se une a la lucha por la liberación de Francia, inspirado en los principios del Consejo Nacional de la Resistencia que promete una democracia social, la nacionalización de los sectores energéticos, de las compañías de seguros y de la banca, y la creación de la Seguridad Social.

Después de la victoria, De Gaulle lo envía -tiene apenas 28 años- a Nueva York, a la ONU, cuyos fundamentos teóricos se están acicalando entonces. Allí, Hessel participa, en 1948, en la elaboración y redacción de uno de los documentos más trascendentales de los últimos seis decenios: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Regresa luego a París para integrarse en el gabinete socialista de Pierre Mendès-France, que inicia la descolonización, pone fin a la guerra en Indochina, y prepara la independencia de Túnez y Marruecos.
Los años más recientes, este noble y persistente defensor de las causas justas, diplomático de profesión, los ha consagrado a protestar sin descanso contra el trato dispensado a los "sin papeles", a los gitanos, a todos los inmigrantes...

Y si hoy nos referimos a él, es porque acaba de publicar un librito, más bien un breve panfleto político de 30 páginas, devenido -en la Francia popular sublevada contra la regresión social-, un excepcional éxito editorial y un fenómeno social. Gracias al boca a boca y, sobre todo, a las nuevas redes sociales, el texto, ninguneado al principio por los medios de información dominantes, ha conseguido franquear las censuras y llenar de esperanza miles de corazones. En apenas unas semanas, de este repertorio de las injusticias más indignantes, ya se han vendido (cuesta 3 euros) más de 650.000 ejemplares... Algo jamás visto. Su título: una consigna, ¡Indignaos! (2).

Dice Balzac que el panfleto "es el sarcasmo convertido en bala de cañón". Añade Stéphane Hessel que la indignación es la pólvora de toda explosión social. Dirigiéndose a sus lectores, les recomienda: "Deseo que halléis un motivo de indignación. Eso no tiene precio. Porque cuando algo nos indigna, nos convertimos en militantes, nos sentimos comprometidos y entonces nuestra fuerza es irresistible".
Los motivos de indignación no escasean: "En este mundo, dice Hessel, hay cosas insoportables". En primerísimo lugar: la naturaleza del sistema económico responsable de la actual crisis devastadora. "La dictadura internacional de los mercados internacionales" constituye además, según él, "una amenaza para la paz y la democracia". "Nunca, afirma, el poder del dinero fue tan inmenso, tan insolente y tan egoísta, y nunca los fieles servidores de Don Dinero se situaron tan alto en las máximas esferas del Estado".

En segundo lugar, Hessel denuncia la desigualdad creciente entre los que no tienen casi nada y los que lo poseen todo: "La brecha entre los más pobres y los más ricos jamás ha sido tan profunda; ni tan espoleados el afán de aplastar al prójimo y la avidez por el dinero". A guisa de enmienda sugiere dos propuestas sencillas: "Que el interés general se imponga sobre los intereses particulares; y que el reparto justo de la riqueza creada por los trabajadores tenga prioridad sobre los egoísmos del poder del dinero".

En temas de política internacional, Hessel afirma que su "principal indignación" es el conflicto israelo-palestino. Recomienda que se lea "el informe Richard Goldstone de septiembre de 2009 sobre Gaza (3), en el cual este juez sudafricano, judío, que incluso se declara sionista, acusa al ejército israelí". Relata su visita reciente a Gaza, "prisión a cielo abierto para un millón y medio de palestinos". Una experiencia que lo sobrecoge y solivianta. Aunque no por ello reniega de la no-violencia. Al contrario, reafirma que "el terrorismo es inaceptable", no sólo por razones éticas sino porque, al ser "una expresión de la desesperación", no resulta eficaz para su propia causa pues "no permite obtener los resultados que la esperanza puede eventualmente garantizar".

Hessel convoca el recuerdo de Nelson Mandela y de Martin Luther King. Ellos, dice, nos indican "el camino que debemos aprender a seguir". Porque, para avanzar, sólo existe una conducta: "apoyarnos en nuestros derechos, cuya violación -sea quien sea el autor de ésta-, debe provocar nuestra indignación. ¡No transijamos jamás con nuestros derechos!".

Finalmente, se declara partidario de una "insurrección pacífica". En particular contra los medios masivos de comunicación en manos del poder del dinero, y que "sólo proponen a los ciudadanos el consumo de masas, el desprecio hacia los humildes y hacia la cultura, la amnesia generalizada y una competición a ultranza de todos contra todos".
Stéphane Hessel ha sabido expresar con palabras, lo que tantos ciudadanos golpeados por la crisis y por las medidas de regresión social sienten en el fondo de sí mismos. Ese sentimiento de que les están arrebatando sus derechos, esos anhelos punzantes de desobedecer, esos deseos de gritar hasta perder el aliento, esas ganas en fin de protestar sin saber cómo...

Todos esperan ahora la segunda entrega. Cuyo título, lógicamente, sólo puede ser: ¡Sublevaos!

Notas:
(1) El otro era Pierre-Henri Roché, autor de la novela con el mismo título llevada a la pantalla por François Truffaut.
(2) Stéphane Hessel, Indignez-vous! , Indigène éditions, Montpellier, 2010.
(3) NDLR: "Human Rights In Palestine And Other Occupied Arab Territories. Report of the United Nations Fact Finding Mission on the Gaza Conflict", Naciones Unidas, Nueva York, 15 de septiembre de 2009.

 

23/05/2011 17:38 ebora Enlace permanente. Novelas No hay comentarios. Comentar.


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