Título: Un prophète
Año: 2009
Duración: 155 minutos
País: Francia
Director: Jacques Audiard
Reparto: Jacques Audiard
Guión: Jacques Audiard y Thomas Bidegain
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Stéphane Fontaine
Producción: Why Not Productions / Chic Films
El veterano Jacques Audiard consiguió sorprender y entusiasmar con la maestría desplegada en su última obra, indudablemente favorita por cada certamen y festival que recorrió durante el pasado año. Un ejercicio de sobriedad narrativa que no busca necesariamente la radiografía sociológica al que es propicio un drama carcelario en la Francia actual, ni tampoco imitar o reflejarse en los tópicos del género que Hollywood ha vestido al mismo. No le hacía falta, el cine francés siempre se ha mostrado especialmente certero en el género policíaco (especialmente en las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado).
Como es el caso. Un profeta que consigue plasmar con maestría, gracias en principio, a su soberbio guión, una historia de superación, de la brutalidad, violencia y la necesidad de mimetizarse en la crudeza del ambiente en prisión, para sobrevivir. Y para ello, asistimos con una narración descarnada, sobria, no exenta de mostrar la dureza sin miramientos, a la historia de aprendizaje de un joven protagonista sin pasado.
El guión, firmado por el propio Audiard y Thomas Bidegain, es una auténtica joya digna de estudio para futuros cineastas. Su construcción, compleja, encaja a la perfección con una estructura que se mueve en dos planos. Uno, podríamos definir el del aprendizaje, el más realista, directo, cara a cara, que muestra al protagonista y su progreso durante su transcurso en la cárcel. Y otro sería el que deja paso a cierto lirismo, plasmado en forma de pequeños retazos oníricos que sirven como pausa a la dura historia de Malik El Djebena en prisión y que sirven, además, para definir, dibujar y otorgar profundidad psicológica al protagonista (y que es un fiel reflejo de la mala conciencia). Algo que ayuda enormemente a enriquecer el conjunto, a la vez que aportar una nueva dimensión al drama, que acaba traspasando las fronteras del género
Además del mencionado guión de Un profeta, no se puede negar que gran parte del sobresaliente resultado de la cinta se sustenta en el prodigioso trabajo actoral. Todos notables en sus intervenciones, aunque destaque el protagonista por su inspiradísimo y prodigioso trabajo. El desconocido Tahar Rahim compone a un joven sin pasado, que con apenas 19 años acaba en prisión y por delante seis duros años en los que tendrá que aprender a sobrevivir. Es su historia la historia la de la superación. La de la obligada caída en el envilecimiento, como examen vital para encontrar un sentido a su existencia. Y lo consigue mostrar con una sorprendente interpretación, llena de pasión, de entrega, de verosimilitud, especialmente a la hora de mostrar la maduración y transformación del personaje.
El relato de Malik El Djebena atrapa desde el primer plano y coge de la mano al espectador para trasladarlo con enorme realismo al escenario sórdido y crudo de una cárcel francesa actual, donde la multiculturalidad es una realidad que impone sus normas y acrecienta la jerarquía. Así, el joven Malik, de origen árabe, pero inculto acaba bajo el yugo de los corsos, que dominan y controlan a su entero antojo todos los entresijos intramuros. Pero, a la vez su despierto carácter y la necesidad de disponer de armas de supervivencia se verá inclinado a establecer relaciones con los de su mismo origen.
La realización de Audiard otorga ese realismo necesario a base de su narración austera, con una puesta en escena contundente, vibrante, de una sequedad tan afilada como una cuchilla (y sin duda excelentemente bien acompañada musicalmente por la partitura de Desplat). Cámara en mano no deja resquicios a las florituras en las escenas más violentas, en la acción. Pero tampoco en los momentos donde la tensión sólo se vive en los diálogos, especialmente entre los encuentros entre Malik y el líder de los corsos (un extraordinario Niels Arestrup), quien le enseña a base de duros golpes auténticas lecciones de manejo, control y manipulación de los débiles.
Y es que la dirección no contiene fisura alguna en todo el metraje. Sin concesión alguna, sin aproximarse ni un ápice a la épica (justo en la antítesis), Audiard nos invade con la crónica de su protagonista, un retrato certero de los entresijos en prisión, de la corrupción, del poder,... mostrada como una auténtica escuela. Y un espacio donde se forja (con sangre) la justicia y la venganza (demoledora la escena que cierra el film).
(http://www.blogdecine.com/criticas/un-profeta-autentica-y-prodigiosa-cinta-carcelaria)
Una de las afirmaciones más rigurosas y certeras que pueden hacerse respecto a los Oscar de Hollywood de 2009 es que, en conjunto, las candidatas a la categoría de mejor película de habla no inglesa superan con mucho en su grado de calidad a las diez finalistas escogidas como premio a la mejor película. Un profeta, de Jacques Audiard, sin llegar a estar libre de defectos, confirma este aspecto en sus dos horas y media largas de metraje con una historia solvente, poderosa, absorbente, violenta y fascinante. Construida como película de género, no evita mostrar todos y cada uno de los lugares comunes que ilustran el cine carcelario, desde las distintas relaciones entre guardianes y reclusos, entre éstos y también sus conexiones fuera de la prisión. Pero, al mismo tiempo, se edifica sobre una historia tan sólida y fenomenalmente escrita que consigue salir airosa de los tópicos, de lo previsible.
Un joven árabe (Tahar Rahim, excelente en su papel pero también quizá el mayor problema de la cinta) ingresa en prisión para cumplir una pena de 6 años. Obligado por la fuerza a servir a intereses parciales de una guerra interna que no tiene nada que ver con él, supone el primer paso en el escalafón de respetabilidad de los presos y, poco a poco y gracias a su carisma y algún que otro golpe de suerte en el constante enfrentamiento entre los grupos de delincuentes y terroristas corsos y el resto de reclusos, se hace con un nombre y una posición que le permiten no sólo mejorar su calidad de vida en la cárcel sino trasladar sus actividades a la calle.
Un profeta es hipnótica y cautivadora desde su inicio, firme y precisa en su desarrollo, quizá un poco pasada de minutos y encontrando el principal problema en la figura del protagonista, espléndido pero al mismo tiempo tan lejano y frío que puede resultar contraproducente a la hora de pretender la identificación del espectador con su situación o de lograr su empatía en los momentos más inciertos, logra eludir (no del todo) algunos momentos en que amenaza con caer en un galimatías de densidades y jardines, y sale airosa gracias a su descarnada violencia, a su desnudez moral y a la ausencia de descansos para tomar un respiro. Contundente, inteligente, pero también algo distante, la comparación, por ejemplo, con Celda 211, revela a la perfección la abismal distancia que sigue habiendo entre las cinematografías francesa y española.
(http://www.cinissimo.com/critica-un-profeta-magistral-drama-carcelario-excelente-cine-frances/)