Blogia
ebora

El Gran Silencio (2005)

Silencio, Ritmo, Repetición... El Gran Silencio muestra por primera vez el día a día dentro del "Grande Chartreuse" el monasterio de referencia en los Alpes franceses de la legendaria orden de los Cartujos. Una película austera, cercana a la meditación, al silencio, a la vida en estado puro. Sin música excepto los cantos de los monjes, sin entrevistas, sin comentarios, sin material adicional. Cambian las estaciones, los elementos cotidianos se repiten. Una película que no solo representa un monasterio sino que se transforma en uno. Una película sobre la presencia absoluta, sobre unos hombres que entregaron su vida a Dios en su forma más pura: la contemplación.

hoycinema

EL GRAN SILENCIO

(Díe grobe stille, 2005). Dirección, guión, montaje y fotografía: Philip Groning. n      Un lugar libre de miedos: «El cine es capaz de hablar de lo más sublime. Al principio la idea no era rodar una película sobre la vida en un monasterio sino sobre el tiempo. Fue después cuando me vino la idea del mo­nasterio. Pero no quería hacer un típico documental informativo. Dentro de un monasterio nadie recibe 'infor­mación' sobre el monasterio. El monasterio es un lugar donde puedes enfrentarte a ti mismo y a tus preguntas más profundas. Eso es lo que yo he intentado hacer. Vivimos en un mundo en el que circula información por do­quier pero yo creo que sobra información y lo que falta es la experiencia... Lo que me ocurrió a mí es que nun­ca había visto un lugar donde la gente fuera tan alegre y tan libre, donde no existía el miedo. Porque nosotros vivimos en una sociedad cuyo motor principal es el miedo. Se piensa que el motor es el deseo de los bienes ma­teriales, pero eso no es más que una forma de esconder el miedo que hay detrás. A mí me cambió ver en la Car­tuja una vida marcada, no por el miedo, sino por la confianza total en que la vida va a mejor. Creemos que po­demos dar forma a nuestras vidas por nosotros mismos y que esa será la única manera de encontrar la felicidad. Ese es el motivo por el que tanta gente tiene miedo a la vida. El monasterio es un lugar libre de miedos. Uno tie­ne la edad que Dios le dice que tiene.» (Philip Groning)      n      Algo diferente: Habitualmente, cuando asistimos a una proyección cinematográfica, nos resulta fácil y có­modo abandonarnos a un ritmo, a una sucesión de secuencias, a un sonido, a unos diálogos e ideas... previsibles y familiares. El gran silencio nos propone algo diferente. El aspecto documental, la larga duración, la renuncia a cualquier sonido que no nazca de la realidad filmada y a un argumento que facilite la austera representación de la vida cotidiana en el gran monasterio cartujo, nos desafía a experimentar algo extraordinario. Fascinante e in­quietante para algunos. Monótono e interminable para otros. Sin que sean necesariamente los creyentes los más atraídos por la película, ni los agnósticos y ateos los más reticentes. n      Rodar lo que observaba: «Yo nunca les di la más mínima indicación. En un monasterio no les puedes decir: »Ahora reza con más energía, por favor«. Me limité a rodar lo que yo observaba: la Grande Chartreuse no im­ponía ningún tipo de condiciones excepto que no se utilizara luz artificial, que no se pusiera ninguna música adi­cional y que no se hiciera ningún comentario. Tampoco podía disponer de ningún equipo adicional, sólo podía estar yo. Estas condiciones encajaban perfectamente con mi concepto original, así que no fue ningún obstáculo para mí. Por otro lado, los únicos momentos en los que se habla, en la capilla y durante su paseo semanal, de­bían estar subtitulados (en total la película tiene doce subtítulos)...» (Philip Groning). n       Inquietudes más que creencias: Los premios de la crítica y la excelente acogida en las localidades más di­versas permiten pensar que aparecen reflejadas profundas apetencias humanas. n      Luz de siglos: «Yo no había oído hablar de Zurbarán antes de llevar mi película al Festival de Sevilla. Por tan­to, el clarooscuro de mi película no trataba de imitar el estilo de Zurbarán. Lo que ocurre es que al no poder in­troducir luz artificial en la Cartuja sólo me quedaba la luz natural del monasterio que, en cierto modo es obra de los monjes, porque ellos construyen los monasterios de forma que la luz sólo pueda entrar de cierta manera. Zur­barán se encontró con esta luz de la misma manera que me la he encontrado yo. La belleza de esas imágenes es el fruto del trabajo de cientos de años de vida monástica hasta llegar a una forma tan perfecta de celdas, de mue­bles, de salas... Viven allí desde hace casi mil años y se han acostumbrado al lugar » (Philip Groning).                                                                                                                                              augusto fernández 

0 comentarios