Sopa de lo que hay
SOPA DE LO QUE HAY (Julián Hernández)
Ignacio Gasea —donostiarra (q.e.p.d), más conocido como Poch y cantante de Derribos Arias— tenía un menú impagable. Cuando la noche entraba en la hambruna más insoportable y todos los caraduras que se plantaban en su piso compartido de Madrid necesitaban sustento, el asalto a la despensa era inevitable. En ese momento, lo único comestible, lo único cocinable, era una sopa. ¿Qué clase de sopa? "¡Pues sopa de lo que hay!", decía Ignacio. Acto seguido procedía a calentar agua en un puchero. Cuando el líquido estaba hirviendo empezaban las dudas. "¿Y ahora qué le echamos?", preguntaba el más hambriento. En la despensa había fideos, así que nuestro chef los sacaba de su envoltorio y los arrojaba a la cacerola. "Seguro que falta sal", decía alguien. Cuando aparecía el salero, el maestro sopero y sus pinches no lo dudaban y lo arrojaban entero al mejunje en ciernes. "¿Y qué más tenemos?", seguía preguntando el más hambriento. Ni corto ni perezoso, el primero que pasaba por allí arrojaba un paquete de Ducados arrugado y a medio terminar; el segundo desenroscaba la bombilla de la lámpara del pasillo y hacía lo propio; el tercero, danzando como un chamán, introducía un mechero y un patito de goma que flotaba sobre la pócima salvaje. La lejía no tardaba en llegar, las pinzas de madera acompañaban al patito en su travesía y un single de vinilo de Alaska y los Pegamoides servía para remover la poción mágica que jamás reviviría al coro de desahuciados que aullaban al son de la Velvet Underground por aquella casa. El Max's Kansas City jamás vio tal cosa.
El País (edición Galicia) 22 de febrero de 2007
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