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TIME de Kim Ki Duk - 2006

Time

1. TIEMPOTodo en esta vida caduca un día u otro. Me pregunto si existirá algo que no caduque.Así reflexionaba acerca del amor el personaje interpretado por Takeshi Kaneshiro en el filme de Wong Kar Wai, Chungking Express. ¿Cuánto es el tiempo que dura el amor?... ¿unos segundos, una vida entera?.
Te amaré hasta dentro de dos mil años. Esa era la contraseña que utilizaba para contestar su “busca”.
Cuando amamos de verdad nos gustaría que aquello que sentimos perdurara para siempre.
El deseo y la pasión son quizás dos de los vértices motores más importantes que impulsan el comportamiento del hombre y definen su relación esencial con el mundo que le rodea.
Hay personas que no saben amar, otras que vuelcan todas sus energías en mantener a flote la pareja; puede haber celos, necesidad de posesión, infidelidad… el universo de los sentimientos es tremendamente complejo y nadie está a salvo de él.
Tiempo. Existe un tiempo para amar, un tiempo para olvidar, un tiempo de espera, un tiempo para recordar. El mapa de las relaciones humanas se construye a partir de unidades temporales que van articulando los distintos compases de una canción cuya melodía se repite sin cesar, una y otra vez, hasta que su música se detiene para siempre.
Pero si esto ocurre… ¿hasta qué punto puede llegar alguien para impedirlo?
2. VACÍOEn Time, Kim Ki-duk prosigue su camino de plasmación de la miserias morales humanas y de sus contradicciones, reflexionando acerca del conflicto que supone tener una visión del mundo contrapuesta a la habitual. En una sociedad en la que parece estar vetada la exteriorización de los sentimientos, todo aquél que demuestra sus pulsiones internas puede ser considerado un desequilibrado mental o una persona inestable a nivel emocional.
El director juega con estos conceptos para llevarlos al extremo y elaborar un relato de amor fou totalmente al límite, tan descabellado que llegaría a rozar el absurdo si no fuera porque guarda en su interior una devastadora metáfora acerca del amor y sus consecuencias.
Una joven pareja no atraviesa uno de sus mejores momentos. Él parece sentirse atraído por todas las mujeres de su alrededor, y cada vez presta menos atención a aquella que tiene a su lado. Ella se siente rechazada, perdida ante la posibilidad latente de que todo esté a punto de terminarse y perder para siempre a la persona que ama, acercándose peligrosamente a rozar la locura.
En realidad, Time no es sino otra aproximación a la eterna lucha que lidia el hombre contemporáneo en contra de sí mismo, generando constantemente inseguridades que lo condenan a la infelicidad. El vacío, la sensación de ahogo que se trasluce de alguno de nuestros comportamientos, puede ser una señal de alarma que indique a aquellos que nos rodean que estamos definitivamente instalados en un proceso de frustración y de crisis. Seh- hee (Ji- Yeon Park) ha llegado a ese punto de no retorno en el que su pequeño entorno referencial comienza a desmoronarse. Por eso toma la drástica decisión de desaparecer y empezar de cero, con una nueva vida… y una nueva cara.
En Time se analiza los niveles de absurdo a los que pueden llegar los individuos en sus ansias por querer ser personas diferentes a las que son. La no aceptación de uno mismo, de sus cualidades y defectos, hace que se conforme un panorama de eterna insatisfacción.
Nunca estamos contentos con lo que tenemos, con nuestro cuerpo, con nuestra situación laboral, con nuestro entorno social… y creemos que si nos convirtiéramos en otra persona, en una a la que admiramos, o al menos en otra totalmente distinta, solucionaríamos todos nuestros problemas. Quizás sea una consecuencia de que la sociedad haya creado una urgencia, una necesidad de todo sea nuevo. En el momento en el que algo está usado, gastado, se tira sin más. La gente se cansa enseguida de las cosas que tiene, ya sean coches, vestidos, ordenadores o amantes, incluso de uno mismo. Seh- hee se someterá a una operación de cirugía estética y se convertirá en otra mujer, una nueva en apariencia física, See-hee (Hyeon-a Seong)… pero lastrada por los mismos sentimientos, por las mismas inseguridades y las mismas necesidades afectivas. Recuperar el amor de Ji-woo (Jung-woo Ha) se convertirá a partir de ese momento en su único objetivo vital.
3. EXTRAÑEZAComo en la mayoría de sus films, Kim Ki-duk vuelve a explorar un terreno labrado a partir de un marcado sentimiento de extrañeza, incómodo, turbador, de una violencia que puede palparse sin necesidad de hacerse explícita.
En realidad la línea que separa la realidad de la fantasía dentro del entramado argumental de Time es a veces confusa, sobre todo a partir del instante en el que See-hee comienza a acechar solapadamente los movimientos de Ji-woo.
Hay algo sumamente inquietante dentro de esta última obra de Kim Ki-duk, algo morboso y macabro, un elemento malsano que entronca quizás con el lado más turbio de la naturaleza humana, ese lado al que nunca nos quisiéramos asomar por miedo a caer en sus redes. La obsesión y la paranoia van empapando el tejido secuencial propiciando la formación de un substrato esquizoide en el que resulta totalmente imprevisible prever qué ocurrirá a continuación.
El director propone desde el principio un desconcertante juego de subversión genérica que nos lleva de una escena a otra del cine romántico al de intriga y misterio, pasando por el melodrama hasta culminar en el más puro cine de terror. Sin embargo su tono nunca resulta excesivamente grave a pesar de la indudable trascendentalidad con la que a Kim KI-duk le gusta revestir sus imágenes. Por el contrario, el flujo del film es suave, tibio, ligero y casi esponjoso, algo que se contrapone al terrible drama que están viviendo sus protagonistas y a la modulación sombría que va adquiriendo el relato a medida que avanza el metraje. Al fin y al cabo nos encontramos ante un sabio elaborador de atmósferas, que sabe en todo momento manejar las expectativas del espectador para conducirlo al terreno en el que se siente más cómodo.
De todas formas, Time se convierte en una de las películas más atípicas dentro de la filmografía de Kim Ki-duk, ya que a pesar de entroncar de alguna manera con el último tramo de su obra, especialmente a través del estilo y la pureza a la hora de dibujar los trazos que configuran cada una de las secuencias, carece de alguna de las marcas esenciales con las que parecía evidenciar su particular universo.
4. RECUERDOSPuede que Time sea un punto de inflexión en su carrera, un film en el que Kim ki-duk busca nuevos caminos para seguir evolucionando su mirada artística. No es la primera vez que el director coreano muta sus directrices para formular un discurso totalmente diferente.
Sin embargo, a pesar de que el halo de misticismo no es tan evidente como en sus anteriores obras, también Time está recorrido por un soplo de espiritualidad. Una espiritualidad más física, más claramente sexual, como se ejemplifica en las esculturas que aparecen diseminadas en la isla a la que acuden los protagonistas habitualmente. Cuerpos retorcidos, desnudos, que se buscan y conforman casi una masa amorfa de volumen impreciso, que encajan a la perfección los unos en los otros, al igual que cabe la palma de la mano de Seh-hee en la de Ji-woo, como si una sostuviera a la otra, como si esa plena conjunción fuera una fuerza motriz superior que diera sentido a sus vidas.
De nuevo Kim Ki-duk vuelve a retratar el espacio como si éste se encontrara casi en los límites de la abstracción, utilizando una puesta en escena aséptica, quirúrgica, casi irreal. La acción transcurre en una serie de escenario recurrentes: una cafetería (punto de inicio de la mayor parte de los conflictos que genera la trama), los apartamentos de los personajes (totalmente impersonales y fríos, como si fueran todos iguales, de formas geométricas y limpias, minimalistas), la clínica de cirugía (a la que van a parar Seh-hee y Ji-woo cuando han llegado al límite de sus posibilidades, como si fuera una iglesia donde rezar por una nueva oportunidad), y el parque de las esculturas (rodeado de agua, el elemento kidukiano por excelencia, lugar de encuentro de los protagonistas, donde pasan sus momentos más felices, alejados del mundo, como si se dieran cita en un sueño o un espejismo).
Time se mece suavemente entre lo real y lo ficticio, entre lo subjetivo y lo objetivo, entre el presente y el pasado, entre la normalidad y la anomalía, entre la cordura y la locura.
El tiempo siempre avanza, y nos arrastra inexorablemente para bien o para mal. Ji-woo toma insistentemente fotografías (al igual que también lo hacía el protagonista de Hierro 3), quizás para capturar un instante de ese tiempo. Ese instante en el que fuimos felices y que permanecerá para siempre en nuestra memoria, en nuestros recuerdos.

Revista CineAsia Vol. 15

   

1 comentario

chilipeppera -

justo cuando pensaba que la madrugada no podía traerme nada más que un par de tés y este catarro repentino, aparecés vos, con esta página tan interesante..



me gustan tus gustos.












bexos



Bel.-