Euphoria
Cine Clube Lumiere 17 de marzo de 2008 (programada en el último festival de cine de Ourense)
| TITULO ORIGINAL | Eyforiya (Euphoria) | ||
| AÑO |
| ||
| DURACIÓN |
| ||
| PAÍS | Rusia | ||
| DIRECTOR | Ivan Vyrypaev | ||
| GUIÓN | Ivan Vyrypaev | ||
| MÚSICA | Aydar Gainullin | ||
| FOTOGRAFÍA | Andrey Naidenov | ||
| REPARTO | Maxim Usharov, Mikhail Okunev, Polina Agureyeva, Yaroslavna Serova, Vitaly Romanyuk, Vyacheslav Kokorin, Zoya Zadorozhnaya, Maxim Litovchenko, Madlen Jabrailova |
Pavel, un hombre casado, lleva una semana pensando constantemente en Vera. Decide ir a visitarla, porque desde que se miraron, nada ha vuelto a ser igual. Ella tiene marido e hija, y está igual de desconcertada que él en relación a sus sentimientos. Ambos viven en la inhóspita estepa siberiana y tienen pocos recursos económicos. Su historia de amor es un reto a la vida que han llevado hasta ahora.
Eurphoria es una de esas películas que pasan desapercibidas en cartelera, e inevitable cita para los amantes del gafapastismo. Y sin embargo, Euphoria, debut del realizador ruso Ivan Vyrypayev, es una interesantísima película, difícil de definir, y de olvidar. Contemplativa, romántica, pasional, apacible y violenta. Las contradicciones se agrupan en este pequeño filme, que compitió en el Festival de Venecia 2006 que consiguió el Pequeño León de Oro, y, más importante incluso, el apoyo de la crítica.
De argumento corriente, Euphoria comienza con una sinceridad demoledora. Dos protagonistas, sin preocupaciones, con vidas normales. Pero el sentimiento brota entre ellos. Sentimientos inesperados, trágicos, crueles, tremendamente poderosos. Te podría pasar a ti.
Pavel ya no puede esconder sus emociones. Decide encararse a Vera con lo que siente. Le explica que ya no puede vivir sin mirarla, tal y como lo había hecho desde su primer encuentro en ocasión de una boda. Ella le confiesa que también le miraba a él sin saber el porqué. Algo inexplicable se ha producido. Algo que ellos no habían conocido hasta el momento. Algo que ellos no comprenden.
Actores sin experiencia, paisajes desolados y diálogos mínimos. Ivan Vyrypayev compone una ambientación fría en la que reina la tranquilidad, pero con un “pequeño” río, el Don, metáfora de la violencia que puede llegar a desarrollar el ser humano. El fotógrafo Andrey Naidenov convierte a la estepa en un personaje más: hay infinidad de planos centrados únicamente en el paisaje. Frío, desangelado.
Quizá se te pase desapercibidas, pero si la ves, no la olvidarás. Llévate la coraza y no dejes aflorar la ternura. La Euphoria es peligrosa. Crea adicción, pero es una amante temporal. Cuando se desvanece, ¿qué queda? La dura realidad. Y ésta no volverá a ser como antes.
Eurphoria es una de esas películas que pasan desapercibidas en cartelera, e inevitable cita para los amantes del gafapastismo. Y sin embargo, Euphoria, debut del realizador ruso Ivan Vyrypayev, es una interesantísima película, difícil de definir, y de olvidar. Contemplativa, romántica, pasional, apacible y violenta. Las contradicciones se agrupan en este pequeño filme, que compitió en el Festival de Venecia 2006 que consiguió el Pequeño León de Oro, y, más importante incluso, el apoyo de la crítica.
De argumento corriente, Euphoria comienza con una sinceridad demoledora. Dos protagonistas, sin preocupaciones, con vidas normales. Pero el sentimiento brota entre ellos. Sentimientos inesperados, trágicos, crueles, tremendamente poderosos. Te podría pasar a ti.
Pavel ya no puede esconder sus emociones. Decide encararse a Vera con lo que siente. Le explica que ya no puede vivir sin mirarla, tal y como lo había hecho desde su primer encuentro en ocasión de una boda. Ella le confiesa que también le miraba a él sin saber el porqué. Algo inexplicable se ha producido. Algo que ellos no habían conocido hasta el momento. Algo que ellos no comprenden.
Actores sin experiencia, paisajes desolados y diálogos mínimos. Ivan Vyrypayev compone una ambientación fría en la que reina la tranquilidad, pero con un “pequeño” río, el Don, metáfora de la violencia que puede llegar a desarrollar el ser humano. El fotógrafo Andrey Naidenov convierte a la estepa en un personaje más: hay infinidad de planos centrados únicamente en el paisaje. Frío, desangelado.
Quizá se te pase desapercibidas, pero si la ves, no la olvidarás. Llévate la coraza y no dejes aflorar la ternura. La Euphoria es peligrosa. Crea adicción, pero es una amante temporal. Cuando se desvanece, ¿qué queda? La dura realidad. Y ésta no volverá a ser como antes.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Para su primera incursión en el cine, el debutante Ivan Vyrypaev (prestigioso dramaturgo ruso) ha elegido como escenario la impresionante estepa rusa. Pero el paisaje se convierte en mucho más que un simple marco donde desarrollar la acción. Los personajes actúan profundamente marcados por la vastedad que los rodea, y por el aislamiento al que se ven abocados. Entre ellos, Vera (arrebatadora Polina Agureyeva), una mujer atrapada en la inmensidad, y que notamos minúscula e insignificante. Casada, con una niña, y sin más compañía que su familia, y una pareja de ancianos vecinos. Alrededor sólo una enorme extensión de tierra. Pero surge la pequeña chispa que hará cambiar su vida. Una chispa encendida por Pavel, al que conoció en una boda (sólo mediante miradas), y que se aferra a Vera como su única oportunidad para escapar de su (intuimos) opresiva vida.
La historia de amor que se desencadena es apasionante y apasionada. Algo incontrolable, espontáneo, irracional... Dos personas que no han sentido en su vida nada remotamente parecido a lo que están viviendo. Por supuesto, no tienen ni idea de cómo enfrentarse a ello. La única opción es seguir sus instintos, moverse por impulsos, empujados hacia el abismo por la perentoria necesidad de escapar, de amar, de sentir, de estar vivos. Arrastrados a una huida hacia delante, mágica y trágica, a la vez.
(sigue abajo, sin spoiler)
La historia de amor que se desencadena es apasionante y apasionada. Algo incontrolable, espontáneo, irracional... Dos personas que no han sentido en su vida nada remotamente parecido a lo que están viviendo. Por supuesto, no tienen ni idea de cómo enfrentarse a ello. La única opción es seguir sus instintos, moverse por impulsos, empujados hacia el abismo por la perentoria necesidad de escapar, de amar, de sentir, de estar vivos. Arrastrados a una huida hacia delante, mágica y trágica, a la vez.
(sigue abajo, sin spoiler)
spoiler:
Toda la película posee una inusual belleza. Obviamente, las localizaciones escogidas tienen mucho que ver en esta deslumbrante hermosura. Pero el mérito del autor radica en su forma de filmar esta historia. Todo el filme está impregnado de un ligero tono poético, pero nada petulante. Acostumbrados a la pretenciosidad que se instala en determinados autores a la hora de introducir la poesía visual en sus obras, se agradece la agradable y sencilla poesía de Vyrpariev. Tampoco me quiero olvidar de la maravillosa música. Una banda sonora conscientemente omnipresente y a la que le gusta el subrayado. Aun estando en el límite de lo permisible, el efecto termina siendo hipnótico y embriagador. A lo que también ayuda un excelente uso del montaje, con el que, a veces, corta de forma brusca el exceso musical, dando así el necesario respiro para evitar la saturación. Otra veces, sin embargo, el montaje sirve para encadenar varios fundidos con exquisita suavidad. Una constante en este trabajo, el contraste y la convivencia entre lo brusco y lo delicado, entre lo desgarrador y lo armonioso.Esta hermosa tragedia, llena de fuerza, supone un notable debut de este director, al que habrá que seguir en el futuro. Podríamos situarlo dentro de esa especie de constante en el cine ruso, en la que se explora todas las posibilidades de las relaciones hombre-naturaleza. Y aunque, de alguna u otra forma, está emparentado con los Tarkovsky, Soukurov o Zvyagintsev, también es cierto que hay un alejamiento en su forma de hacer cine (mucho más vitalista y explosivo) con respecto a los demás. Es innegable que posee una mirada propia, en la que destacaría su desbordante energía. La cual, si aprende a canalizar bien, puliendo algún que otro defecto propio del primerizo, puede reservarnos grandes momentos en el futuro.
0 comentarios