La soledad(2007) de Jaime Rosales
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Adela está separada y decide irse a Madrid con su hijo. Antonia tiene tres hijas, Helena le pide dinero para comprarse un piso, a Nieves le detectan un cáncer e Inés alquila una habitación de su casa a una recién llegada Adela. Y de pronto la herida, el brusco giro que vuelve todo inevitable.
Hay films que se conforman con contar una historia, otros con conmover, otros con hacer caja, y luego hay otro cine que busca perderse, contemplarse desde fuera, ser cine pero hacer otra cosa. Es un cine suicida, contracorriente, carente de concesiones, autista, al margen de todo lo que se ha llamado cine hasta ahora. Y La Soledad era (es) esto. ¿Entonces qué es? Algo tan sencillo (y complejo) como la vida misma.
Las protagonistas (Sonia Almarcha y Petra Martínez, no hay suficientes premios para vosotras) no actúan, viven, sufren, cocinan, comen, no interpretan un papel, y precisamente esa delicada línea que separa la ficción del documental es lo que Jaime Rosales domina a la perfección.
Después de la demoledora y hanekeniana “Las horas del día”, éste barcelonés, amante del cine de Bresson nos vuelve a regalar un par de ojos nuevos para degustar su cine áspero, seco y directo, una (s) nueva (s) narración (es) sin música, como los días, con el único sonido de la ciudad como partitura. Un film donde a veces los silencios son más expresivos que las palabras, únicamente dichas cuando algo parece a punto de romperse dentro.
La película introduce un nuevo atractivo visual, la “polivisión” (tiembla Von Trier) que consiste en dividir la pantalla en dos mitades iguales y registrar dos ángulos diferentes y simultáneos de la acción, algo que da una potencia infinita a la narración en algún caso y entorpece en algún otro. Si obviamos que el invento se usa, quizás, demasiado, podemos hablar de uno de los films más importantes, de verdad, del nuevo cine español.
No importa que no reciba premios (que recibirá), y que Rosales no haga cine en el extranjero con presupuestos imposibles, que no disfrute de un éxito de taquilla de infarto, La Soledad desvela a un autor inquieto, muy de fiar, orgullosamente minoritario e infinitamente interesante.
Un autor tan necesario como Haneke, Winterbottom o el ya citado Von Tier, entre otros, para hacernos creer que puede haber un cine diferente, que solo se rige a los dictados del propio cine-arte (perdón por el palabro), un cine-experiencia que toma como punto de partida y meta la propia vida, aunque a veces en medio haya algún que otro tobogán.
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http://www.hoycinema.com/actualidad/noticias/CINE-Jaime-Rosales-pelicula-habla-perder-miedo-hablar-muerte.htm| (CINE) Jaime Rosales: "Mi película habla de perder el miedo a hablar de la muerte" ( 29/05/2007 ) |
-"La soledad existencial es como la muerte, no tiene solución". -El cineasta catalán estrena ´La soledad´, que se proyectó en el recientemente clausurado Festival de Cannes. Barcelona, 28 may. (COLPISA, Paco Soto). Tras llamar la atención con su ópera prima ´Las horas del día´, el director y guionista Jaime Rosales (Barcelona, 1970) presenta ´La soledad´, que ha tenido muy buena acogida en el recientemente clausurado Festival de Cannes. Utilizando un innovador lenguaje visual, Rosales cuenta la historia de Antonia y Adela, un relato sobrio e incisivo que va avanzando a partir de las cosas, buenas y malas, que les van pasando a estas dos mujeres. Antonia es viuda, tiene un pequeño supermercado de barrio y lleva una vida bastante tranquila junto a su novio y sus tres hijas, Inés, Nieves y Helena, la mayor. Poco a poco, la existencia de Antonia empieza a tambalearse. Por su parte, Adela está separada, tiene un hijo de un año y abandona su pueblo natal en León por Madrid, donde empiezan las dificultades y un atentado terrorista acaba con la vida de su hijo. Las emociones que se desprenden de los personajes y la manera en que se relacionan entre ellos y con su entorno forman la columna vertebral de una película que habla, sobre todo, del ser humano y su soledad. PREGUNTA: El hilo conductor de su nueva crónica cinematográfica es la soledad, la incomunicación en la que viven los seres humanos? RESPUESTA: En la película, más que un hilo conductor dominante, hay unos personajes y unas situaciones. Utilizo unos personajes, los dejo evolucionar y destaco aspectos importantes de su vida. El problema de la incomunicación es uno de ellos. La soledad es otro, quizá el más importante. Tiene que ver con la sociedad en la que vivimos. Aunque la sociedad española es muy agradable en apariencia, porque nos divertimos mucho y tenemos muchos amigos, pienso que vamos hacia un modelo de sociedad muy norteamericano. Es un modelo de sociedad fragmentada, donde la gente trabaja cada vez más, se preocupa por tener muchos bienes materiales y no le importa establecer lazos con los demás. Pero en la película también he querido resaltar otra soledad, que es la soledad existencial. Es una soledad que tiene que ver con las situaciones de más dolor o con la necesidad de enfrentarse a las cuestiones más complicadas de la vida. En estas situaciones, aunque estés acompañado, te sientes terriblemente solo. P: Quizá sea el tipo de soledad más complicado de resolver, si es que se puede solucionar. R: La soledad existencial es como la muerte, no tiene solución. Tenemos que aceptarlo. La sociedad norteamericana tiene una serie de valores que son muy competitivos. Hay ganadores o perdedores. En nuestra sociedad las cosas no funcionan todavía de este modo, aunque vamos alcanzando poco a poco esta meta. En este contexto, no creo que la soledad existencial, es decir el individuo consigo mismo, tenga solución. Las decisiones muy importantes o el dolor profundo del ser humano no pueden compartirse con los demás. P: ¿Por qué motivos hemos sido capaces de generar más prosperidad y bienestar, pero no más felicidad? R: A lo mejor es porque hemos confundido el tener con el ser. No basta con tener muchos bienes materiales. La felicidad, el bienestar espiritual, el sentirse más o menos a gusto es algo muy complicado y no se consigue teniendo una casa o tres coches. Creo que algo está cambiando a mejor en nuestra sociedad. Estamos en una sociedad en la que los valores del mercado y las relaciones superficiales entre seres humanos son muy importantes. Es la dinámica general y es preocupante, pero me da la sensación de que se empieza a dar una corrección de valores. Tengo la sensación, como he podido ver en muchas películas que se han exhibido en Cannes, que el horizonte se está despejando. La minoría de gente que piensa que las cosas importantes de la vida no son materiales va creciendo. P: La película arranca a un ritmo muy lento y poco a poco va decayendo, hasta que ocurre el atentado en que muere el hijo de Adela. ¿Ha utilizado este recurso para alertar sobre lo frágil que es la vida? R: Sí. El tema de la fragilidad de la vida es esencial en la película. Es la emoción de raíz de la película. Yo tengo esta sensación de fragilidad, quizá porque la he vivido a través de personas cercanas. Y cuando eres padre sientes esta fragilidad a diario. El acontecimiento del atentado, que es muy dramático, sirve también para despertar al espectador, después de un tiempo muerto en el que no ocurre nada. Lo terrible de la vida también nos tiene que servir para dar sentido a nuestras propias vidas. La vida tiene esa fuerza. P: ¿Vivir un acontecimiento dramático debería servirnos para cuestionar nuestras propias vidas y darle importancia a lo que de verdad se lo merece? R: Creo que sí. En el mundo occidental la muerte se ha convertido en un tabú, las religiones han retrocedido mucho, lo más importante es producir, consumir y convertir al individuo en una máquina dentro de un engranaje gigante. La muerte da mucho miedo, y mi película también habla de eso, de perder el miedo a hablar de la muerte. Doble compromiso P: No es muy frecuente una película tan reflexiva como la suya en el actual panorama cinematográfico español. R: Lo sé. El cine tiene que tener muchos objetivos, pero a mí me gusta lo que hago, aunque me cueste. Es difícil hacer una película en la que he intentado abordar desde el rigor y el compromiso de un cierto análisis profundo un tema como la soledad del ser humano. He intentado hacer el mínimo de concesiones al mercado. En España, es muy difícil ser director y productor si te apartas de las pautas que marca la industria. Mis películas tienen un público minoritario. A mí me satisface que las cosas sean así. Tengo un compromiso conmigo mismo y con la sociedad en la que vivo. P: ¿Cómo ve nuestro cine? R: Su gran deficiencia es de productores. Hay muy buenos creadores, pero pocos buenos productores, productores que entiendan bien el negocio y tenga sensibilidad artística. El otro trabajo que se debería hacer en España, desde las Administraciones Públicas, no es tanto dar dinero o proteger más, sino fomentar el cine en la educación de los niños. Hay que introducir el cine de calidad en las escuelas. 05/29/10-08/2007 |
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