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Películas

Los edukadores

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Jan, Peter y Jule están en plena juventud rebelde. Les une la pasión por cambiar el estado de las cosas. Jan canaliza su ira luchando contra las injustas políticas de los ricos. Comparte los mismos ideales con su compañero de piso, Peter, aunque éste de forma más relajada. Jule, la novia de Peter, acaba mudándose al mismo piso cuando no puede llegar a final de mes con su salario de camarera. Jule no sabe que Jan y Peter son “Los educadores”, los misteriosos autores de actos creativos y no violentos con los que se dedican a avisar a los miembros del club de yates de que “sus días de abundancia están contados”. Pero Jule también tiene un secreto: tuvo un accidente de coche y fue condenada a pagar una suma mensual a Hardenberg, un rico hombre de negocios. Mientras Peter está de vacaciones, Jule y Jan aprovechan para entrar en la villa de Hardenberg y “educarle”. Entre otras cosas, les empuja el creciente sentimiento que les une. Cuando Jan y Jule regresan a la villa la siguiente noche para recoger el móvil que se han dejado, Hardenberg les sorprende. No les queda más remedio que llamar a Peter para que les ayude, aunque se arriesgan a que descubra su romance secreto. El trío decide secuestrar al hombre de negocios y esconderse en la casa que un pariente tiene en las montañas. Estos jóvenes idealistas deberán enfrentarse a los valores de la generación en el poder.


Los Edukadores



2004 Alemania, Austria - DIR: Hans Weingartner
INT: Daniel Brühl, Julia Jentsch, Stipe Erceg, Burghart Klaubner

Valoración: Vale la pena


Con el objetivo de cambiar el mundo, tres jóvenes tratan de "edukar" (vía allanamiento de morada y otras lindeces) a los ricos, siguiendo la máxima de que los tiempos de abundancia tocan a su fin. Protagoniza el hispanoalemán Daniel Brühl. Su director, Hans Weingartner, nos explica esta historia punto por punto.

Yo era ellos. "Cuando tenía 25 años, yo era como los protagonistas de la película, era un joven al que le gustaba gritar cosas como: ¡Revolución! ¡Cambia el mundo! Quería organizar una rebelión mundial, pero no encontré a nadie que me apoyara. Creo que toda mi generación lo quería, pero se reprimieron. Me pilló en medio: fui punk cuando ya no había punks; fui okupa en Berlín cuando el movimiento daba sus últimos coletazos. Era frustrante, pero tengo la sensación de que algo nuevo está naciendo entre los jóvenes actuales, un movimiento contra el poder del dinero, contra el poder de las corporaciones, una lucha por la justicia social. Ahora mi vida ha cambiado, pero básicamente mi punto de vista sobre estos temas sigue siendo el mismo, y eso lo comparto con los tres protagonistas del film."

Film para cambiar el mundo. "Espero que este film abra las mentes de los espectadores, y que se den cuenta de lo que las grandes empresas hacen: están construyendo un sistema económico en el que los humanos no significan nada y el dinero lo es todo."

Actores libres. "En una película como esta, todo depende de los actores. La cámara debe seguirles, la posición de la cámara nunca puede determinar sus movimientos. Esta idea encaja perfectamente con la ambición de la película de libertad, espontaneidad y luminosidad."

Lo digital es más barato. "La película está rodada al cien por cien en soporte digital, sin usar luz artificial. Iluminar lleva su tiempo, y la película convencional es muy cara. Intenté que las complejidades técnicas fueran las mínimas, y el presupuesto fue deliberadamente bajo. La decisión de rodar en digital y cámara en mano fue importante: nos permitió explorar el espacio y dar a los actores la libertad para ir donde quisieran. Al final quedó algo muy dinámico, con cámara y actores moviéndose constantemente."

Que siga la Revolución. "La gente joven debe ser rebelde. Muchas revoluciones han sido lideradas por jóvenes, porque son los que tienen la energía. Una energía pura, que la sociedad necesita para renovarse y evolucionar. Quiero que la gente, cuando salga de ver la película, se ponga en contacto con su lado revolucionario."

Elelphant

Elephant



2003 USA - DIR: Gus Van Sant
INT: Alex Frost, Eric Deulen, John Robinson, Elias McComnell, Jordan Taylor

Valoración: No se la pierda


La masacre del instituto Columbine es uno de esos temas que muchos americanos preferirían ver tratados con esa precaución enemiga de la creatividad. Si Michael Moore no lo tuvo en cuenta en "Bowling for Columbine", magnífico ejemplo de cine cabreado, tampoco lo ha hecho Gus Van Sant en "Elephant", que triunfó en Cannes y que demuestra que incluso la violencia puede resultar en un film bello.

Trabajar la emoción Gus Van Sant no quería que Elephant fuera una historia convencional: De hecho, ni siquiera es una historia. Es solo un suceso, y lo que le precede son los prolegómenos del suceso. A lo largo de ellos conocemos a quienes pronto serán víctimas. Buena parte del film, premiado en Cannes 2003 como Mejor Película y Mejor Director, procede de la propia experiencia de los actores. Trabajamos a partir de ciertas premisas, emociones y acciones que Gus tenía pensadas a priori. Pero las escenas acabaron de perfilarse a través de largas charlas personales que mantuvimos con él antes del rodaje, explica Nathan Tyson, miembro de un reparto de debutantes. Todos ellos se vieron afectados, en mayor o menor medida, por la masacre de Columbine. En mi colegio, recuerda el rubio John Robinson, empezamos a juzgarnos entre nosotros, intentando adivinar quién tenía potencial para hacer algo así.

Al estilo Kurosawa. Elephant comprende perfectamente las banalidades y los pequeños terrores de la vida de instituto. Y los muestra según el método empleado en el film de Akira Kurosawa Rashomon: unos pocos sucesos estructuradores se repiten desde diferentes puntos de vista. La película emplea la cámara lenta para enfatizar pequeños momentos de la vida que solemos obviar: una mirada al cielo, la cabriola de un perro, gestos de ilusión y de angustia teen con los que el cineasta retrata, primero, la belleza juvenil, y después, el horror de verla extinguirse.

Observar, no educar. Van Sant no nos permite refugiarnos en emociones estandarizadas: nos obliga a descubrir las nuestras. No pretende instruir, solo observar: Así es más fácil llegar a la verdad. Uno de los motivos del título es esa historia acerca de cinco hombres ciegos que tocan a la vez un elefante y uno cree que es un árbol porque toca una pierna, otro cree que es una pared, porque le toca el costado, y otro cree que es una serpiente, porque le toca la trompa. Creo que la tragedia tuvo que ver con cómo esos chicos se relacionaban con la sociedad, y cómo llegaron a percibir que no tenían un sitio en ella.

A propósito de Columbine. Como si quisiera restarles validez, el film alude a todos los argumentos comúnmente esgrimidos para explicar aquel suceso: los chicos obtienen armas por Internet con facilidad; Eric juega a brutales videojuegos; Alex aporrea Beethoven al piano (sombras de La naranja mecánica); ven un documental sobre Hitler y después, juntos en la ducha, se besan. Van Sant evita convertirlos en máquinas de matar e indaga en las pequeñas cosas que pueden vaciar un corazón de sentimientos.


FOTOGRAMAS

American Splendor

American Splendor ESPLENDOR AMERICANO
(American Splendor)

Estados Unidos, 2003




Dirigida por Shari Springer Berman y Robert Pulcini, con Paul Giamatti, Hope Davis, Judah Friedlander, James Urbaniak, Harvey Pekar.

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Vaya uno a saber por qué razón las películas sobre creadores de historietas son más interesantes que las adaptaciones fílmicas de los personajes que aparecen en ellas. A todo lo bueno que se dijo sobre el documental Crumb (Terry Zwigoff, 1994) acerca del ilustrador Robert Crumb habría que sumar el buen recuerdo de The Whole Wide World (Dan Ireland, 1996), en la que se narra parte de la corta existencia de Robert E. Howard, inventor de “Conan el Bárbaro” y “Kull”. A esta dinastía se suma ahora American Splendor.

Lo novedoso, en este caso, es que el film dirigido por Shari Springer Berman y Robert Pulcini tensa la cuerda de ambos territorios narrativos –documental y ficción– y los lleva más allá, hacia un terreno singular. Es que en American Splendor conviven dos películas, una documental sobre Harvey Pekar, el creador de la historieta de mismo nombre que el film, y otra ficcional, que es la adaptación de la historieta. Pero la tensión entre estos mundos proviene de que el personaje central del comic… es el propio creador.

Lo que tenemos, pues, es un doble acercamiento al personaje: desde la realidad de ver al propio Pekar frente a cámara explicándose y, a la vez, siendo la voz en off que narra algunas partes de la ficción, en la que el estupendo Paul Giamatti (“este tipo no se parece a mí”, dice Pekar) lo interpreta. Que este trabajo en diferentes niveles no termine redundando en una mezcla tediosa e inentendible es una de las proezas de los directores y guionistas. Y esto es así porque eligieron contar desde un género reconocible como la biografía.

Por cierto que si American Splendor se quedara en esto sería interesante para los cinéfilos preocupados por “lo narrativo”, pero no sobrepasaría el mero trabajo teórico. Lo realmente bueno de la película es que a la vez nos revela a un personaje desconocido, uno de esos pequeños milagros que la cultura americana suele delinear, de tanto en tanto, con pinceladas sutiles. Porque Harvey Pekar es un pesimista total, un obsesivo compulsivo y un ser infeliz que no halla a la mujer que lo acompañe: parece salido de una de Woody Allen.

Otro punto alto de la obra de Berman-Pulcini es que estos tópicos daban para un film “indie” repleto de frases cancheras y candidato a la película cool del año. Sin embargo, al apegarse a los guiones de los comics del propio Pekar, American Splendor no deja que nadie explique al personaje y todo queda influido por la negrura y la desazón que éste destila sobre la sociedad. Sin que por ello se lo convierta en una especia de mártir o de salvador moral, sino en un observador estupendo de lo cotidiano.

Harvey Pekar trabajaba –aún lo hacía mientras se rodaba este film– en el archivo de un hospital. Era un ser frustrado, hasta que un día conoció a Robert Crumb y “por influencia creativa” descubrió que podía reflejar el mundo que lo rodeaba y fastidiaba. Es así como, ayudado por los dibujos de Crumb, publicó sus primeras historietas, a las que no sin ironía llamó “American Splendor”. El hecho es que sigue siendo un ser frustrado y pesimista. Y al verlo uno adivina que se trata de un viejo cascarrabias, pero simpático.

Como el escritor que interpretó Woody Allen en Los secretos de Harry, Pekar incluye en sus comics a todas las personas que lo rodean: esposa, jefe, amigos. Así es como estos toman nuevas vidas como personajes y nunca llegaremos a saber si son así en realidad o todo es parte del encasillamiento al que los somete Pekar. Para darse una idea de la imbricación entre realidad y ficción, tengan en cuenta que Pekar y su mujer hicieron un número especial de la historieta… en el que hablan del rodaje del film.

A esta suerte de confusión positiva también aportan las actuaciones. Ya dijimos que Giamatti está genial (como de costumbre), rascándose la cabeza y siendo la mejor representación del fracaso con sus ojos desorbitados y su pelo desgreñado. Mientras que como la mujer de Pekar aparece Hope Davis (la hija de Jack Nicholson en Las confesiones del Sr. Schmidt), que aunque algo afectada por ciertos tics aporta extrañeza al no poder dilucidar si interpreta a su personaje desde el reflejo realista o desde la caricatura de la historieta.

Hay miles de ángulos para aproximarse a American Splendor y su personaje, así como montones de puntas desde las cuales desarrollar un análisis. El film resulta una de las más extrañas simbiosis entre realidad y ficción. Una película que elige contar desde la biografía, pero apoyándose en la historieta. Que mezcla documental, ficción y animación –el Pekar dibujado cuestiona al Pekar ficcionalizado– con gran maestría. Pero que, por encima de todo, es la sutil puesta en primer plano de un ser pesimista y de cómo éste puede encontrar su lugar dentro de una sociedad que patea lo feo bajo la alfombra, y fracasa evitando el fracaso. “Si el fin es perder la guerra, el objetivo será ganar algunas batallas”, dice Pekar. Y sabe lo que dice porque él mismo representa un pequeño triunfo.

Mauricio Faliero null

Rompiendo las olas

Rompiendo las olas ROMPIENDO LAS OLAS (1996) de Lars Von Trier

Al comienzo de los años 70 una ingenua joven, Bess (Emily Watson), que vive en una pequeña comunidad de la costa norte de Escocia, se enamora de Jan (Stellan Skarsgård), un hombre mundano que trabaja en una plataforma petrolífera. A pesar de la oposición del entorno, se casan. Jan vuelve a su plataforma mientras que Bess cuenta los días para su vuelta, convencida de que su amor está bendecido por el cielo, especialmente porque piensa que puede comunicarse mentalmente con Dios. Cuando un accidente deja paralítico a Jan, éste se preocupa de que Bess siga haciendo una vida normal. Desde su lecho, en el cual permanece postrado tras el accidente, logra convencerla de que podría ayudarle a curarse si tuviera un amante y le relatara sus experiencias sexuales con él...

El electrizante realizador Lars von Trier logra una brillante actuación de Emily Watson que le ha merecido a ambos el fervor del público y la crítica. La joven actriz nos sumerge junto a ella en el dolor y la desorientación. Las imágenes de Robby Müller, captadas con la cámara en mano, enmarcan de manera única esta apasionante historia de amor frustrado. Con esta obra la carrera del aclamado von Trier adquiere un nuevo matiz de humanidad que lo eleva a unos niveles de excelencia tan altos como profundas son las emociones que despierta Rompiendo las olas.

Lars von Trier nace en Dinamarca en 1956, y comienza a realizar cortos a los 13 años. Estudia en la Escuela de Cine Danesa, ganando un premio por película allí hecha en el Festival de Munich. Dirige comerciales, vídeos musicales y programas televisivos, incluyendo la popular serie El reino. Su largometraje Europa (1990) ganó varios premios, entre ellos el Premio Especial del Jurado en Cannes. Otros largometrajes suyos son El elemento del crimen (1984), Epidemia (1987), Los idiotas (1998), Bailando en la oscuridad (2000)