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ebora

los olores

Sobre todas las voces dominaba la de un anciano con uniforme de guardia de la cárcel, que disparataba ebriamente en un mar de chácharas:
- Y todos los miércoles la damisela perfumada me da un billete de cien coronas para que la deje sola con el detenido. Y el jueves las cien coronas se han ido ya en cerveza. Y cuando han terminado la hora de la visita la damisela sale con el tufo de la prisión en su traje elegante; y el detenido vuelve a la celda con el perfume de la damisela en sus ropas de presidiario. y yo me quedo con el olor a cerveza. La vida no es más que un intercambio de olores.
- La vida y también la muerte, puedes jurarlo -terció otro borracho, cuya profesión era, como me enteré en seguida, sepulturero-. Yo con el olor a cerveza trato de quitarme de encima el olor a muerto. Y sólo el olor a muerto te quitará de encima el olor a cerveza, como a todos los bebedores a quienes me toca cavarles la fosa.

pág. 80 "Si una noche de invierno un viajero..."
ITALO CALVINO

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