Irnerio, el hombre que no leía
-Pero, tú, ¿eres amigo de Ludmilla o de Lotaria?
-De Ludmilla, claro. Pero consigo hablar también con Lotaria.
-¿No critica los libros que lees?
-¿Yo? ¡Yo no leo libros! -dice Irnerio.
-¿Qué lees, entonces?
-Nada. Me he acostumbrado tan bien a no leer que ni siquiera leo lo que cae ante mis ojos por casualidad. No es fácil: nos enseñan a leer desde pequeños y durante toda la vida seguimos esclavos de todos los chismes escritos que nos ponen delante de los ojos. Quizá hice cierto esfuerzo también yo, en los primeros tiempos, para aprender a no leer, pero ahora me sale muy natural. El secreto está en no negarse a mirar las palabras escritas, al contrario, hay que mirarlas intensamente hasta que desaparecen.
...
Tratas de imaginarte cómo puede presentarse el mundo, este mundo tupido por la escritura que nos circunda por todas partes, a alguien que ha aprendido a no leer.
Si una noche de invierno un viajero (pág. 67)
ITALO CALVINO
-De Ludmilla, claro. Pero consigo hablar también con Lotaria.
-¿No critica los libros que lees?
-¿Yo? ¡Yo no leo libros! -dice Irnerio.
-¿Qué lees, entonces?
-Nada. Me he acostumbrado tan bien a no leer que ni siquiera leo lo que cae ante mis ojos por casualidad. No es fácil: nos enseñan a leer desde pequeños y durante toda la vida seguimos esclavos de todos los chismes escritos que nos ponen delante de los ojos. Quizá hice cierto esfuerzo también yo, en los primeros tiempos, para aprender a no leer, pero ahora me sale muy natural. El secreto está en no negarse a mirar las palabras escritas, al contrario, hay que mirarlas intensamente hasta que desaparecen.
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Tratas de imaginarte cómo puede presentarse el mundo, este mundo tupido por la escritura que nos circunda por todas partes, a alguien que ha aprendido a no leer.
Si una noche de invierno un viajero (pág. 67)
ITALO CALVINO
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