Blogia
ebora

Pasavento III

 

  A decir verdad , yo era alguien que empezaba  ya a estar cansado de tantos gestos repetidos a diario. Me vino a la memoria una breve carta que había leído en cierta ocasión, una carta de despedida de un paciente que había tenido en el hospital de Manhattan y que se había ahorcado dejando una breve nota al mundo: "Tanta abrochar y desabrochar".

  Cada día me deprimían más las repeticiones y todo comenzaba a parecerme insoportable. Levantarse, vestirse, comer, escribir, defecar, desvestirse, acostarse. Todo me lo sabía ya de memoria, hasta la locura. ¿Cuántas veces, por ejemplo, había visto llover en mi vida? Escribí mentalmente un poema que hablaba de mis ansias grandes de realizar una excursión al fin de la noche, un deseo total de viajar sin retorno. Cuando terminé el poema, vi que llovía con más fuerza que antes, y ya no se veían las calles, el exterior había quedado completamente borrado. Se podía ya perfectamente viajar hacia el fin de la noche.

                           Doctor Pasavento  pág. 157

0 comentarios