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EL ALMUERZO DESNUDO de D. Cronemberg (W. Burroughs)

  EL ALMUERZO DESNUDO
(Naked Lunch, 1991. David Cronenberg)
Heroína fílmica"Dr. Benway: «Hay muchos sujetos vulnerables a la humillación sexual. Desnudez, estimulación con afrodisíacos, vigilancia constante para incomodar al sujeto e impedirle el alivio masturbatorio (durante el sueño, las erecciones hacen sonar automáticamente un enorme zumbador eléctrico que vibra la cama y arroja al sujeto a una bañera de agua fría, lo que reduce al mínimo el número de poluciones nocturnas). Trucos para hipnotizar a un sacerdote, explicarle que está apunto de de consumar una unión hipostática con el Cordero , y luego ponerle a un carnero verriondo a darle por el culo. Después de esto el Interrogador obtiene un control hipnótico absoluto, y el sujeto acudirá a su silbido, se cagará en el suelo con que le diga "Ábrete Sésamo"». William S. Burroughs, de "El almuerzo desnudo" (1959)."La razón por que tengo seguridad es por que estoy loco. La razón por la que soy estable es por que estoy chiflado. Para mí es evidente". David Cronenberg (1)La adaptación inadaptable Siento una especial devoción por El almuerzo desnudo de William S. Burroughs, de hecho, junto con Trópico de cáncer (Henry Miller), Mujeres (Charles Bukowski), Héroes (Ray Loriga) y A sangre fría (Truman Capote), se podría decir que son mis libros de cabecera por excelencia, todos válidos para abrir por cualquier página y perderse en ellos, son mundos tan distantes como terroríficos, tan extremos como profundamente cercanos, tan trágicos como divertidos. Todos ellos, a excepción del de Capote que tuviera una adaptación fantástica en A sangre fría (In Cold Blood, 1967. Richard Brooks), son prácticamente inconcebibles para adaptarse cinematográficamente, su dureza y ambigüedad estilística los convierte en mundos demasiado complejos como para poder trascribirse en un simple guión cinematográfico. Si nos centramos en El almuerzo desnudo, este exponencia sus dificultades, al tratarse de un claro delirio episódico, con muy pocas referencias continuas entre los diversos capítulos, a excepción de la psicología propia de la novela, centrada en la necesidad del consumo de droga, el placer y el dolor por el sexo (preferentemente homosexual), la irrupción del mal sobre el placer más orgiástico, acabando por completo con él o, como mínimo, dejarlo en las puertas del exterminio.Estaba claro que la falta de una trama lineal y consecutiva hacía impensable la adaptación de la compleja novela de Burroughs, a no ser, que el personaje encargado de llevarla a la gran pantalla tuviera la imaginería suficiente como para saber convertir lo imposible en lo imposible a través de lo posible, es decir, canalizar dos experimentos abstractos (novela y film) a través de una base concreta (guión), sin que por ello, se pierda un ápice de personalidad en el proceso. Pocos realizadores serían capaces de ello, de hecho el propio Stanley Kubrick planeó un intento de adaptación de la novela totalmente infructuoso (lo que es de señalar, puesto que Kubrick había adaptado anteriormente La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971), de Anthony Burgess, una novela lo suficientemente compleja para que cualquier realizador se achicara ante ella). Así que para suerte de nosotros y del cine, el proyecto fue a caer en manos de uno de los pocos directores personales que existen hoy en día en el panorama cinematográfico mundial: el genial David Cronenberg.El realizador canadiense llevaba diez años con la idea en mente (incluso en 1985 hizo un viaje a Tánger con el propio Burroughs para acercarse a la malsana atmósfera que condujo la gestación de El almuerzo desnudo), pero no pudo hacerse hasta que realizador y productor (Jeremy Thomas) tuvieron sendos éxitos comerciales con La mosca (The Fly, 1986) y El último emperador (The Last Emperor, 1987. Bernardo Bertolucci), respectivamente. Por todos es sabido que Videodrome (Ídem, 1982) no sólo significo el interpasse de Cronenberg entre un cine más visceral, más físico hacia un viaje mucho más mental e introspectivo, que le llevaría ha hacer las mejores obras, de momento, de su carrera: La mosca, Crash (Ídem, 1996) y, sobretodo, la brutal Inseparables (Dead Ringers, 1988), cuya dureza visual y psicológica aún permanece intacta pese a los años pasados. Pero Videodrome significó algo más que eso, fue el último proyecto que Cronenberg escribió hasta que con su último film eXistenZ (Ídem, 1998) retomara, con menor inspiración (todo sea dicho), su labor como escritor. Desde Videodrome, entonces, Cronenberg se lanzó a la adaptación de obras literarias, algunas más sencilllas, como pueden ser La zona muerta (The Dead Zone, 1983) de Stephen King o La mosca de George Langelaan, otras, directamente imposibles, como Crash de J.G. Ballard o la propia El almuerzo desnudo de William S.Burroughs.La ambigua biografía del escritorVista la dificultad de la adaptación directa de la novela, el atrevimiento de Cronenberg para acercarse a la obra acabó dotando al film de un aspecto propio, más cerca de Cronenberg que de Burroughs, evidentemente, pero no exento del aroma malsano y alucinógeno que desprende la novela. La "opción Cronenberg" para adaptar el libro fue el resultado de una triple ecuación sólo apta para irresponsables: se fusionó en un sólo término las propias vivencias de Burroughs cuando escribió la novela, pasajes de la propia historia y el mundo cárnico Cronenbergiano, con un especial gusto por la relación máquina-hombre, rebajando la (homo)sexualidad del libro, pero haciéndola más que latente en el film (Cf. Las bugwriters, especies de máquinas de escribir que mutan en insectos y que se comunican mediante un ano parlante dándole órdenes al protagonista).Así, para entender el film, es necesario conocer de antemano la biografía del escritor norteamericano, como se verá, con datos lo suficientemente interesantes como para hacer una trilogía: William S. Burroughs (1914-1997) nació tremendamente rico, pues su abuelo, por esperpéntico que parezca, fue el inventor de la calculadora (Burroughs la llamaba "máquina de sumar"). De joven, se relacionó con todos los jóvenes de la generación Beat, a la que llegó a a pertenecer, pese a ser un escritor bastante más extremo que gente como Jack Kerouac y Allen Ginsberg. Pese a su marcada homosexualidad (que únicamente llegó aceptar en su exilio morfinológico en Tánger), se casó. Su mujer, Joan Vollmer Adams (la única perteneciente a la generación Beat que no llegara a publicar nada), se exilió con el y sus hijos, provenientes de otros compañeros sentimentales, a la frontera mejicana al tener el joven Billy problemas con las autoridades norteamericanas derivadas de su reconocida adicción a la heroína. Una noche, totalmente borrachos ambos, decidieron mostrar a sus amigos su habitual juego de Guillermo Tell, consistente en ponerse ella un vaso de cristal en la cabeza, teniendo Burroughs que dispararlo y, por supuesto, acertar en el vaso. Pues bien, esa noche, el joven y desmadrado Burroughs, que hasta la fecha sólo había publicado una novela, Yonqui, erró el tiro, acertándole de pleno en la sien a su joven esposa. Burroughs a partir del incidente, entró en crisis, viajó a Tánger y pasó cuatro años de su vida prácticamente sin salir de su habitación más que para conseguir heroína o derivados. Durante este tiempo, Burroughs continuó escribiendo y mandando sus escritos por correo a sus amigos de la generación Beat (de hecho el nombre de El almuerzo desnudo se le ocurrió a Jack Kerouac, haciendo referencia a "un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores (2)"), según él, sin ser consciente de ello (tal y como se cuenta en el film). Sus escritos no tenían ni sentido, ni orden aparente, con lo que la tarea de sus compañeros y de la suya propia al regresar de Tánger fue ardua y complicada, pero al final, en 1959, se logró publicar y fue un éxito en todos los aspectos: atacada, maldecida, tachada de misógina y de hacer apología sobre las drogas y, bueno, en fin, un largo etcétera que acaba por aburrir al más beato.Burroughs superó su adicción a la heroína tras quince años de consumo, con un tratamiento, aún hoy no reconocido, mediante el uso de apomorfina (3). El escritor, para sorpresa de todo el mundo, llegó a vivir 83 años, y al final de su carrera acabó haciendo anuncios para Nike. También publicó dos discos sensacionales: uno con Tom Waits, The black rider (para el que compuso las letras de las canciones e, incluso, se animaba a cantar en una) y otro con Kurt Cobain, The Priest They Called Him, en el que Cobain toca la guitarra y Burroughs lee textos suyos. Interzone: La conexión Cronenberg-BurroughsLa triple ecuación comentada arriba tuvo como resultado El almuerzo desnudo, una de las obras más personales de Cronenberg, donde la biografía de Burroughs se trasmutaba en la de Bill Lee (un perfecto Peter Weller, en una interpretación totalmente delirante por su contención e inexpresividad consciente), un exterminador de bichos, cuya mujer (correcta Judy Davis) se inyecta el insecticida que usa Bill para acabar con ellos. La sustitución de la heroína por el insecticida y la notable disminución de la homosexualidad en la versión cinematográfica, proviene no tanto en un intento de suavizar el film, si no a una reconversión del mundo de Burroughs en el universo cronenbergiano, donde la homosexualidad queda en un estado latente, y la adicción y sus consecuencias de carácter alucinatorio son el verdadero motor del film (al igual que le ocurría al Max Renn de Videodrome, la mayor parte del film es pura alucinación del protagonista).La visceralidad aportada por Cronenberg, en especial en la escena del acto sexual entre Bill y Joan Frost, con una bugwriter recorriéndoles el cuerpo, y cuando un ciempiés gigante masacra al joven y sensible Hans, se corresponde a la perfección con el universo de Burroughs y, en especial de El almuerzo desnudo, donde se narra uno de los pasajes más ricos de su novela: Aquella en el que se cuenta la historia del ano que decide empezar a hablar por sí mismo, y al final le acaban saliendo dientes y termina por inutilizar la boca del hombre (en el film narrado en una hipnótica escena en que nos adentramos en un coche en plena oscuridad por un camino pedregoso habitado por personajes de tintes fantasmales). Tanto las mutaciones físicas (Rabia (Rabid, 1976)) como las psicológicas (Videodrome) se pueden hallar también en la novela de Burroughs, atentos si no a estos dos pasajes:"... como el hospital estaba tan lleno, lo ingresaron en una letrina, y el cirujano griego le metió un mono vivo por error y luego le cosió, y fue violado por varios auxiliares, y uno de los empleados robó la penicilina sustituyéndola por detergente; y a la vez que cogió unas purgaciones culeras y un médico inglés muy puritano curó con un enema de ácido sulfúrico caliente, y también estaba el profesional de la Medicina Tecnológica, un alemán que le quitó el apéndice con un abrelatas oxidado y unos trozos de hojalata...""...con su calibrador, Johnny extrae un candirú del coño de Mary... Lo echa en una botella de mescal donde se convierte en un gusano de magüey. Le hace una irrigación vaginal de ablandador de huesos de la selva, los dientes vaginales salen mezclados con sangre y quistes... El coño resplandece dulce y fresco como yerba de primavera..."Como se ve, tanto la pasión de Cronenberg por los hospitales y la cirugía tecnológica, así como su pasión por las mutaciones sexuales, se ven correspondidas a la perfección por Burroughs. La única ruptura con la linealidad de la obra que realiza Cronenberg, es sin duda, su aproximación de manera letárgica sobre la historia. Así como en la novela todo es demasiado acelerado, en el film, se toma su tiempo y medio para suceder. El viaje introspectivo realizado por Bill Lee va tan lento como sus paranoias derivadas por la morfina le dejan. Su aventura policíaca, lo más débil con diferencia de la película, va tan lenta que no interesa, aunque sirva como hilo argumental de la misma. Nosotros seguimos prefiriendo el sabor de la locura a través de los distintos modelos de bugwriters existentes, o por la apropiación y sometimiento del ser humano, sea a través de la heroína o de la carne. El viaje introspectivo a Interzone realizado por Lee a través de las palabras y obras de Burroughs y de las imágenes y delirios de Cronenberg, convierten El almuerzo desnudo en una de las obras más extrañas y ambiguas de los noventa. Pero también en uno de los mejores y más significativos films de la historia del cine, no tanto por la difícil conjugación de los mundos artísticos, si no por el cruel retrato de la dependencia, física y mental, que tenemos los hombres por las drogas, las personas y la autodestrucción. 

MIRADAS.NET  ALEJANDRO G. CALVO

 

TIME de Kim Ki Duk - 2006

Time

1. TIEMPOTodo en esta vida caduca un día u otro. Me pregunto si existirá algo que no caduque.Así reflexionaba acerca del amor el personaje interpretado por Takeshi Kaneshiro en el filme de Wong Kar Wai, Chungking Express. ¿Cuánto es el tiempo que dura el amor?... ¿unos segundos, una vida entera?.
Te amaré hasta dentro de dos mil años. Esa era la contraseña que utilizaba para contestar su “busca”.
Cuando amamos de verdad nos gustaría que aquello que sentimos perdurara para siempre.
El deseo y la pasión son quizás dos de los vértices motores más importantes que impulsan el comportamiento del hombre y definen su relación esencial con el mundo que le rodea.
Hay personas que no saben amar, otras que vuelcan todas sus energías en mantener a flote la pareja; puede haber celos, necesidad de posesión, infidelidad… el universo de los sentimientos es tremendamente complejo y nadie está a salvo de él.
Tiempo. Existe un tiempo para amar, un tiempo para olvidar, un tiempo de espera, un tiempo para recordar. El mapa de las relaciones humanas se construye a partir de unidades temporales que van articulando los distintos compases de una canción cuya melodía se repite sin cesar, una y otra vez, hasta que su música se detiene para siempre.
Pero si esto ocurre… ¿hasta qué punto puede llegar alguien para impedirlo?
2. VACÍOEn Time, Kim Ki-duk prosigue su camino de plasmación de la miserias morales humanas y de sus contradicciones, reflexionando acerca del conflicto que supone tener una visión del mundo contrapuesta a la habitual. En una sociedad en la que parece estar vetada la exteriorización de los sentimientos, todo aquél que demuestra sus pulsiones internas puede ser considerado un desequilibrado mental o una persona inestable a nivel emocional.
El director juega con estos conceptos para llevarlos al extremo y elaborar un relato de amor fou totalmente al límite, tan descabellado que llegaría a rozar el absurdo si no fuera porque guarda en su interior una devastadora metáfora acerca del amor y sus consecuencias.
Una joven pareja no atraviesa uno de sus mejores momentos. Él parece sentirse atraído por todas las mujeres de su alrededor, y cada vez presta menos atención a aquella que tiene a su lado. Ella se siente rechazada, perdida ante la posibilidad latente de que todo esté a punto de terminarse y perder para siempre a la persona que ama, acercándose peligrosamente a rozar la locura.
En realidad, Time no es sino otra aproximación a la eterna lucha que lidia el hombre contemporáneo en contra de sí mismo, generando constantemente inseguridades que lo condenan a la infelicidad. El vacío, la sensación de ahogo que se trasluce de alguno de nuestros comportamientos, puede ser una señal de alarma que indique a aquellos que nos rodean que estamos definitivamente instalados en un proceso de frustración y de crisis. Seh- hee (Ji- Yeon Park) ha llegado a ese punto de no retorno en el que su pequeño entorno referencial comienza a desmoronarse. Por eso toma la drástica decisión de desaparecer y empezar de cero, con una nueva vida… y una nueva cara.
En Time se analiza los niveles de absurdo a los que pueden llegar los individuos en sus ansias por querer ser personas diferentes a las que son. La no aceptación de uno mismo, de sus cualidades y defectos, hace que se conforme un panorama de eterna insatisfacción.
Nunca estamos contentos con lo que tenemos, con nuestro cuerpo, con nuestra situación laboral, con nuestro entorno social… y creemos que si nos convirtiéramos en otra persona, en una a la que admiramos, o al menos en otra totalmente distinta, solucionaríamos todos nuestros problemas. Quizás sea una consecuencia de que la sociedad haya creado una urgencia, una necesidad de todo sea nuevo. En el momento en el que algo está usado, gastado, se tira sin más. La gente se cansa enseguida de las cosas que tiene, ya sean coches, vestidos, ordenadores o amantes, incluso de uno mismo. Seh- hee se someterá a una operación de cirugía estética y se convertirá en otra mujer, una nueva en apariencia física, See-hee (Hyeon-a Seong)… pero lastrada por los mismos sentimientos, por las mismas inseguridades y las mismas necesidades afectivas. Recuperar el amor de Ji-woo (Jung-woo Ha) se convertirá a partir de ese momento en su único objetivo vital.
3. EXTRAÑEZAComo en la mayoría de sus films, Kim Ki-duk vuelve a explorar un terreno labrado a partir de un marcado sentimiento de extrañeza, incómodo, turbador, de una violencia que puede palparse sin necesidad de hacerse explícita.
En realidad la línea que separa la realidad de la fantasía dentro del entramado argumental de Time es a veces confusa, sobre todo a partir del instante en el que See-hee comienza a acechar solapadamente los movimientos de Ji-woo.
Hay algo sumamente inquietante dentro de esta última obra de Kim Ki-duk, algo morboso y macabro, un elemento malsano que entronca quizás con el lado más turbio de la naturaleza humana, ese lado al que nunca nos quisiéramos asomar por miedo a caer en sus redes. La obsesión y la paranoia van empapando el tejido secuencial propiciando la formación de un substrato esquizoide en el que resulta totalmente imprevisible prever qué ocurrirá a continuación.
El director propone desde el principio un desconcertante juego de subversión genérica que nos lleva de una escena a otra del cine romántico al de intriga y misterio, pasando por el melodrama hasta culminar en el más puro cine de terror. Sin embargo su tono nunca resulta excesivamente grave a pesar de la indudable trascendentalidad con la que a Kim KI-duk le gusta revestir sus imágenes. Por el contrario, el flujo del film es suave, tibio, ligero y casi esponjoso, algo que se contrapone al terrible drama que están viviendo sus protagonistas y a la modulación sombría que va adquiriendo el relato a medida que avanza el metraje. Al fin y al cabo nos encontramos ante un sabio elaborador de atmósferas, que sabe en todo momento manejar las expectativas del espectador para conducirlo al terreno en el que se siente más cómodo.
De todas formas, Time se convierte en una de las películas más atípicas dentro de la filmografía de Kim Ki-duk, ya que a pesar de entroncar de alguna manera con el último tramo de su obra, especialmente a través del estilo y la pureza a la hora de dibujar los trazos que configuran cada una de las secuencias, carece de alguna de las marcas esenciales con las que parecía evidenciar su particular universo.
4. RECUERDOSPuede que Time sea un punto de inflexión en su carrera, un film en el que Kim ki-duk busca nuevos caminos para seguir evolucionando su mirada artística. No es la primera vez que el director coreano muta sus directrices para formular un discurso totalmente diferente.
Sin embargo, a pesar de que el halo de misticismo no es tan evidente como en sus anteriores obras, también Time está recorrido por un soplo de espiritualidad. Una espiritualidad más física, más claramente sexual, como se ejemplifica en las esculturas que aparecen diseminadas en la isla a la que acuden los protagonistas habitualmente. Cuerpos retorcidos, desnudos, que se buscan y conforman casi una masa amorfa de volumen impreciso, que encajan a la perfección los unos en los otros, al igual que cabe la palma de la mano de Seh-hee en la de Ji-woo, como si una sostuviera a la otra, como si esa plena conjunción fuera una fuerza motriz superior que diera sentido a sus vidas.
De nuevo Kim Ki-duk vuelve a retratar el espacio como si éste se encontrara casi en los límites de la abstracción, utilizando una puesta en escena aséptica, quirúrgica, casi irreal. La acción transcurre en una serie de escenario recurrentes: una cafetería (punto de inicio de la mayor parte de los conflictos que genera la trama), los apartamentos de los personajes (totalmente impersonales y fríos, como si fueran todos iguales, de formas geométricas y limpias, minimalistas), la clínica de cirugía (a la que van a parar Seh-hee y Ji-woo cuando han llegado al límite de sus posibilidades, como si fuera una iglesia donde rezar por una nueva oportunidad), y el parque de las esculturas (rodeado de agua, el elemento kidukiano por excelencia, lugar de encuentro de los protagonistas, donde pasan sus momentos más felices, alejados del mundo, como si se dieran cita en un sueño o un espejismo).
Time se mece suavemente entre lo real y lo ficticio, entre lo subjetivo y lo objetivo, entre el presente y el pasado, entre la normalidad y la anomalía, entre la cordura y la locura.
El tiempo siempre avanza, y nos arrastra inexorablemente para bien o para mal. Ji-woo toma insistentemente fotografías (al igual que también lo hacía el protagonista de Hierro 3), quizás para capturar un instante de ese tiempo. Ese instante en el que fuimos felices y que permanecerá para siempre en nuestra memoria, en nuestros recuerdos.

Revista CineAsia Vol. 15

   

El Gran Silencio (2005)

Silencio, Ritmo, Repetición... El Gran Silencio muestra por primera vez el día a día dentro del "Grande Chartreuse" el monasterio de referencia en los Alpes franceses de la legendaria orden de los Cartujos. Una película austera, cercana a la meditación, al silencio, a la vida en estado puro. Sin música excepto los cantos de los monjes, sin entrevistas, sin comentarios, sin material adicional. Cambian las estaciones, los elementos cotidianos se repiten. Una película que no solo representa un monasterio sino que se transforma en uno. Una película sobre la presencia absoluta, sobre unos hombres que entregaron su vida a Dios en su forma más pura: la contemplación.

hoycinema

EL GRAN SILENCIO

(Díe grobe stille, 2005). Dirección, guión, montaje y fotografía: Philip Groning. n      Un lugar libre de miedos: «El cine es capaz de hablar de lo más sublime. Al principio la idea no era rodar una película sobre la vida en un monasterio sino sobre el tiempo. Fue después cuando me vino la idea del mo­nasterio. Pero no quería hacer un típico documental informativo. Dentro de un monasterio nadie recibe 'infor­mación' sobre el monasterio. El monasterio es un lugar donde puedes enfrentarte a ti mismo y a tus preguntas más profundas. Eso es lo que yo he intentado hacer. Vivimos en un mundo en el que circula información por do­quier pero yo creo que sobra información y lo que falta es la experiencia... Lo que me ocurrió a mí es que nun­ca había visto un lugar donde la gente fuera tan alegre y tan libre, donde no existía el miedo. Porque nosotros vivimos en una sociedad cuyo motor principal es el miedo. Se piensa que el motor es el deseo de los bienes ma­teriales, pero eso no es más que una forma de esconder el miedo que hay detrás. A mí me cambió ver en la Car­tuja una vida marcada, no por el miedo, sino por la confianza total en que la vida va a mejor. Creemos que po­demos dar forma a nuestras vidas por nosotros mismos y que esa será la única manera de encontrar la felicidad. Ese es el motivo por el que tanta gente tiene miedo a la vida. El monasterio es un lugar libre de miedos. Uno tie­ne la edad que Dios le dice que tiene.» (Philip Groning)      n      Algo diferente: Habitualmente, cuando asistimos a una proyección cinematográfica, nos resulta fácil y có­modo abandonarnos a un ritmo, a una sucesión de secuencias, a un sonido, a unos diálogos e ideas... previsibles y familiares. El gran silencio nos propone algo diferente. El aspecto documental, la larga duración, la renuncia a cualquier sonido que no nazca de la realidad filmada y a un argumento que facilite la austera representación de la vida cotidiana en el gran monasterio cartujo, nos desafía a experimentar algo extraordinario. Fascinante e in­quietante para algunos. Monótono e interminable para otros. Sin que sean necesariamente los creyentes los más atraídos por la película, ni los agnósticos y ateos los más reticentes. n      Rodar lo que observaba: «Yo nunca les di la más mínima indicación. En un monasterio no les puedes decir: »Ahora reza con más energía, por favor«. Me limité a rodar lo que yo observaba: la Grande Chartreuse no im­ponía ningún tipo de condiciones excepto que no se utilizara luz artificial, que no se pusiera ninguna música adi­cional y que no se hiciera ningún comentario. Tampoco podía disponer de ningún equipo adicional, sólo podía estar yo. Estas condiciones encajaban perfectamente con mi concepto original, así que no fue ningún obstáculo para mí. Por otro lado, los únicos momentos en los que se habla, en la capilla y durante su paseo semanal, de­bían estar subtitulados (en total la película tiene doce subtítulos)...» (Philip Groning). n       Inquietudes más que creencias: Los premios de la crítica y la excelente acogida en las localidades más di­versas permiten pensar que aparecen reflejadas profundas apetencias humanas. n      Luz de siglos: «Yo no había oído hablar de Zurbarán antes de llevar mi película al Festival de Sevilla. Por tan­to, el clarooscuro de mi película no trataba de imitar el estilo de Zurbarán. Lo que ocurre es que al no poder in­troducir luz artificial en la Cartuja sólo me quedaba la luz natural del monasterio que, en cierto modo es obra de los monjes, porque ellos construyen los monasterios de forma que la luz sólo pueda entrar de cierta manera. Zur­barán se encontró con esta luz de la misma manera que me la he encontrado yo. La belleza de esas imágenes es el fruto del trabajo de cientos de años de vida monástica hasta llegar a una forma tan perfecta de celdas, de mue­bles, de salas... Viven allí desde hace casi mil años y se han acostumbrado al lugar » (Philip Groning).                                                                                                                                              augusto fernández 

Palíndromos (8-I-07)

 Cine club lumiere


 2004 USA - DIR: Todd Solondz
INT: Ellen Barkin, Jennifer Jason Leigh, Richard Masur, Matthew Faber, Stephen Adly Guirgis,Debria Monk, Sharon Wilkins, Angela Pietropinto, Bill Buell, Emani Sledge, Valerie ShusterovValoración:    *****   Imprescindible
      No es gratuito que Todd Solondz haya escogido una figura de estilo literaria para titular su última y arresgadísima película, porque el sentido último de su ficción está, precisamente, en el lenguaje: en las estrategias de auto-engaño que nos proporciona lo verbal para auto-definirnos como lo que, en el fondo, nunca seremos. Para el cineasta, el palíndromo (ese juego capicúa) proporciona una desoladora metáfora existencial determinista: nunca cambiamos, a pesar de que, en el camino, nos podamos ir apropiando de sucesivos textos (políticos, religiosos, morales) capaces de suministrar espejismos de sentido con fecha de caducidad.
Como si fuese un escritor del Oulipo (ese Taller de Literatura Potencial que reunió a talentos como Perec o Queneau), Solondz se impone un excéntrico corsé formal para testar su capacidad de convocar la emoción. El resultado (una película donde el personaje principal está interpretado por seis actrices ¿muy- distintas y un actor andrógino) es uno de los trabajos más poéticos, humanistas y conmovedores en la carrera del cineasta: un cuento cruel (sin hadas) habitado por una niña que quiere ser mamá y, para ello, escapa del hogar de los ogros (sus padres) para caer en la guarida de otros ogros (sus padres adoptivos), descubriendo en el trayecto la trágica soledad de unos cuantos dragones.La poesía de Solondz no es, definitivamente, para todos los gustos, como tampoco lo es su esquinado sentido del humor, pero pocas películas están tan bien diseñadas para romper los esquemas de todo tipo de espectador.

Para quienes quieran sentirse legítimamente provocados.Lo mejor: la insobornable valentía de Solnndz. Lo peor: que llegue tan tarde a nuestros cines. 

Días de Santiago

Días de Santiago (Dir. Josué Méndez)

Sinopsis:
Poster Días de Santiago
Santiago Román, un ex-soldado de 23 años ha vuelto a Lima después de años de haber luchado contra la subversión terrorista y el narcotráfico en su propio país y en la guerra con el Ecuador. Forma parte de una generación perdida que pagó culpas por las irresponsabilidades políticas de los gobiernos.

Santiago encuentra en Lima a una ciudad hostil, caótica, decadente y a una familia que la refleja. Está decidido a mejorar su propia situación lo mismo que la de su familia y de su país. Santiago está intentando adaptarse a la vida civil pero sus recuerdos no lo dejan encontrar paz consigo mismo. Tiene la mentalidad de un soldado, y cree que sólo basta luchar para conseguir todo lo que se quiere. Intenta establecer su propio sentido de orden. La sociedad y la gente, sin embargo, se mueven en sus propios ritmos. No lo esperaban y ya no tienen un lugar para él. Santiago toma conciencia que las cosas no son como él quería verlas.

Nota del director

“Le llaman salvaje al río que se desborda, pero no al cabrón que lo oprime”

Dos cosas me motivaron a realizar esta película. Una es la cita previa, la cual leí en una pared caminando un día por las calles de Lima. La otra fue la oportunidad de conocer al Santiago de la vida real, un joven ex-soldado peruano. Su generosidad, su simpatía, su humildad, me hicieron tomar conciencia de la terrible indiferencia social y estatal hacia personas que creyeron en su país.

Para mí, Santiago Román, el personaje, representa a una generación engañada que perdió su juventud en el campo de batalla y volvió a la ciudad sólo para luchar una vez más por adaptarse y sobrevivir en una sociedad sin memoria, que ni los reconoce ni los aprecia; una sociedad incapaz de ofrecer un rol digno a aquellos que lo dieron todo por protegerla, y donde todos compartimos la culpa por permitir un sistema que prepara a sus hijos para la guerra sólo para abandonarlos y dejarlos de lado una vez alcanzada la paz.

Días de Santiago es una película urbana. Trata de la rudeza de la vida en la urbe, de sus calles, del tráfico, del caos. No tiene, por lo tanto, ningún flashback. Las memorias de la guerra sólo están dentro de la cabeza de Santiago, y lo atormentan. Esto se expresa en la película a travéz de la voz en off del protagonista. El estilo visual del largometraje es ecléctico, la mitad del tiempo la fotogrfía es a color, la otra mitad blanco y negro. Después de todo, es la historia de un hombre en búsqueda de orden, balance y armonía en un mundo caótico.

La estructura narrativa del film no es convencional, no sigue estrictamente la estructura en tres actos, es más bien una estructura que refleja a su personaje principal. Así como Santiago no encuentra una dirección clara para su vida al comienzo de la historia, la película misma tampoco parece encontrar una dirección, no hay un camino claro, un final certero. Sólo cuando Santiago decide empezar una nueva vida la película logra concentrar suficiente impulso y la historia empieza a fluir con más rapidez. A partir de entonces la estructura sigue al personaje en su búsqueda por pertenecer y salvar gente en la vida civil. La cámara sólo busca acompañarlo, sea fija o en mano, con la intención de lograr atrapar a la audiencia y llevarla lo más próximo posible al estado mental del personaje, a su paranoia, a su inestabilidad, a su fragilidad social.

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Prensa

Miedo y asco en Las Vegas

MIEDO Y ASCO EN LAS VEGAS
(Fear and loathing in Las Vegas)


Dirección: Terry Gilliam.
País: USA.
Año: 1998.
Duración: 118 min.
Intérpretes: Johnny Depp (Raoul Duke), Benicio Del Toro (Dr. Gonzo), Ellen Barkin (Camarera), Gary Busey (Policía), Cameron Díaz (Periodista), Tobey Maguire (Autoestopista), Christina Ricci (Lucy).
Producción: Laila Nabuisi, Patrick Cassavetti y Stephen Nemeth.
Guión: Tod Davies, Tony Grisoni, Alex Cox y Terry Gilliam, sobre una novela de Hunter S. Thompson.
Fotografía:
Nicola Pecorini.
Montaje: Lesley Walker.
Música: Ray Cooper y Michael Kamen.
Diseño de producción: Alex McDowell.

CRÍTICA por Cinencanto:

Parecería que Johnny Depp está tratando de competir con Nicholas Cage y Christopher Walken sobre quién acepta los papeles más bizarros en Hollywood. Depp es un excelente actor y creo que ha escogido esta ruta para sobreponerse al síndrome de "estrella" (que ahora acosa a Brad Pitt y a Leonardo DiCaprio, ambos extraordinarios actores encasillados en el papel de "estrellitas"). Gracias a eso lo hemos visto asociarse con directores cuyo trabajo también se encuentra un poco afuera de la corriente de moda en Hollywood. Y uno de los directores que con más precisión encarnan esta categoría es sin duda Terry Gilliam, en quien veo a un artista único. Desde sus extrañas animaciones en "Monty Phyton Flying Circus" ha demostrado un sentido del humor que, curiosamente, no se basa en el concepto tradicional de "humor", sino en conciliar lo bizarro con lo cotidiano. Elaborando sobre ese proceso, sus películas son por lo general interpretaciones muy personales de géneros establecidos. "Jabberwocky" y "Time Bandits" le dan giros a la clásica fantasía arturiana, y "Brazil" y "12 Monkeys" logran innovar en el cansado subgénero del futuro distópico tan socorrido por la ciencia ficción contemporánea. Y repentinamente, de la nada, nos llega la obra más reciente de este director en la forma de un experimento fílmico que podrá gustar o no, pero que es innegablemente producto de un artista que busca siempre alejarse del camino más transitado, incursionando sin temor en el terreno que mejor se ajuste a su visión, sin importar si tiene "viabilidad comercial" o no.
Era imposible que "Fear and Loathing in Las Vegas" tuviera éxito financiero; su actitud misma consiste en repeler o por lo menos desconcertar al espectador.
La "historia", si es que así puede llamarse, sigue el viaje (literal y figuradamente) de un reportero y su abogado que visitan Las Vegas para llevar la crónica de una carrera motociclística a través del desierto; posteriormente, el reportero se quedará en Las Vegas para cubrir una convención de "sheriffs" luchando contra el tráfico y consumo de drogas en sus respectivos pueblos.
Estos eventos, sin embargo, son de importancia muy secundaria pues ambos personajes se encuentran en un frenesí de abuso de drogas y alcohol tan violento que hace que todo pase a segundo plano. Todos los eventos que los rodean son vistos difusamente por su alterada conciencia, y la mayor parte del diálogo en la película se da en forma de narración, por medio de la cual "oímos" los pensamientos del reportero en su intoxicante recorrido.
El resultado es que la película, más que seguir una historia coherente, se descompone en una variedad de viñetas donde vemos y oímos la torcida percepción que los personajes tienen de ciertos eventos. Una visita a un casino (ya bastante surrealista estando sobrio) se convierte en un pasaje sacado del mismo infierno de Dante. Los períodos de relativa sobriedad están plagados de alucinaciones y fantasías paranoicas.
Éste es el tipo de película que puede generar en el espectador una de dos respuestas: repulsión absoluta ante el aparente rechazo por toda moralidad convencional, o aceptación total de la idea de que la percepción que tengamos de las cosas es completamente subjetiva y por lo tanto, válida para todas las personas.
Johnny Depp y Benicio del Toro tienen la casi imposible tarea de actuar en escenas que no obedecen a lógica alguna, y que los transforma de héroes a villanos varias veces y sin previo aviso. Los múltiples cameos de reconocidos actores y actrices podrían parecer caprichos del director, pero de hecho, en el torbellino de imágenes y narración sirven como puntos de apoyo; salvavidas temporales para devolvernos la perspectiva de las acciones que hemos presenciado. Cuando Cameron Díaz reacciona como una persona normal ante las gracejadas de los drogadictos, nos damos cuenta de que el humor no siempre funciona igual bajo diferentes circunstancias. Cuando Christina Ricci se ve involuntariamente envuelta con los dos protagonistas, es penosamente evidente que por muy "cool" que parezca ese estilo de vida, tiene consecuencias irreparables sobre gente que no tiene nada que ver con ello.
No puedo decir realmente que "Fear and Loathing in Las Vegas" sea una buena película. Lo que sí puedo decir es que se trata de un valiente experimento fílmico que barre con nuestras nociones de narrativa y moralidad y trata de reemplazarlas con una escala diferente. Quien esté dispuesto a aceptar esto, no se arrepentirá de haberla visto, guste o no; quien no acepte el reto, mejor vea "Trainspotting" para una versión más sanitizada de este estilo de vida.

En la ciudad blanca (Dans la ville Blanche)

 

 

TITULO ORIGINALDans la Ville blanche
AÑO
1983 
DURACIÓN108 min.
PAÍSPortugal-Suiza
DIRECTORAlain Tanner
GUIÓNAlain Tanner
MUSICAJean-Luc Barbier
FOTOGRAFÍAAcácio de Almeida
REPARTOBruno Ganz, Teresa Madruga, Julia Vonderlinn, José Carvalho, Victor Costa
PRODUCTORACoproducción Suiza-Portugal
GÉNERO Y CRÍTICA

Drama / A su paso por Lisboa, un marinero suizo decide desertar e ir a vagar por la ciudad. Abstraído de obligaciones y del transcurso del tiempo, pasea por los barrios viejos y conoce a Rosa, una mujer fascinante de quien se enamora... Un aclamado drama con una conmovedora interpretación de Bruno Ganz. (FILMAFFINITY)

 

 

Quince años antes de rodar de nuevo en Lisboa y con parecida estructura dramática la espléndida "Réquiem", el suizo Alain Tanner realizó "En la ciudad blanca": una gran película, que desarrolla la historia de un marinero (magistral, imponente Bruno Ganz) anclado en la ciudad de Lisboa, al que le espera su mujer en Suiza, con la que se comunica a través de epístolas e imágenes que la envía, mientras inicia una complicada relación con la camarera del hotel dónde se aloja.
Una obra autoral, muy bien armada y razonada, que desprende talento y capacidad para crear imágenes y cine de alto nivel, reflexionando sobre la capacidad/dificultad de amar, la soledad, las dudas de la madurez. Gran fotografía de Acacio de Almeida, para la mejor película de Tanner junto con la mencionada "Réquiem", entre ambas un díptico excelente de la fascinante capital portuguesa.
kafka
 
Miquel   Palma de Mallorca (España)
Su valoración: Notable30 de Diciembre de 2005
Escrita y dirigida por Alain Tanner, se rodó en el puerto y el antiguo barrio marinero de Lisboa. Fue nominada al Oso de oro de Berlín. Ganó el Cesar a la mejor película en lengua francesa y el Fotogramas de plata a la mejor película extranjera.

La acción tiene lugar en Lisboa en el curso del rodaje (1982). Narra la historia de Paul (Bruno Ganz), un marino mercante suizo, que al llegar a Lisboa abandona el barco y se toma unas vacaciones sin planes, sin reloj, sin obligaciones y sin rutinas, salvo la de escribir regularmente a su esposa, que vive en Ginebra (Suiza). Le envía, además, imágenes filmadas de si mismo y de los lugares que visita. Se enamora de Rosa (Teresa Madruga), empleada de la Pensión en la que se aloja, con la que mantiene un idilio sin compromisos, sin explicaciones y, por ello, difícil para ella. La película describe la fascinación que Paul siente por el puerto, la desembocadura del Tajo, los puentes que la cruzan, las calles de la vieja ciudad, su gente modesta y amable. Aquí encuentra el marco adecuado para recuperarse anímica y físicamente, tras una vida de agitación, soledades clamorosas, escenarios tediosos y un espacio vital propio (su camarote) reducido y claustrofóbico. En Lisboa encuentra compañía, amistad, belleza natural, calor humano, amor y algunas dificultades, en las justas proporciones que precisa para impregnarse de belleza, empaparse de humanidad y renacer a la vida. No quiere compromisos ni con el tiempo ni con las personas. No quiere recordar el pasado, fuente de obligaciones, apremios y exigencias. Desea permanecer sin calendario, respirando los aires de Lisboa, la ciudad blanca y pura. Desea detener el tiempo, abrir un paréntesis vital, en el que los relojes dejen de acortar con furia la vida, la alegría, el gozo, el amor. Es emblemática la escena en la que el minutero de un reloj marcha en sentido inverso al habitual: es lo que sus ojos le hacen ver, es lo que desea ver.

La música hace uso de la armónica y del saxo alto en momentos que jalonan, sin saturaciones, el desarrollo de la acción. La fotografía describe con acierto el paisaje urbano de la vieja ciudad, el ajetreo sosegado de los vecinos, la ausencia en ella de tráfico rodado, la amable antigüedad de las casas, la tortuosa continuidad de las calles, las escaleras intrincadas. Durante el rodaje, los vecinos espontáneamente retiraban los coches aparcados y detenían el paso de los que se acercaban, erigiéndose en colaboradores desinteresados del equipo técnico. El guión, muy sencillo, explica la relación de Paul con la fascinación de Lisboa y su proceso de interiorización de la misma. La interpretación de Bruno Ganz es magnífica y la de la portuguesa Teresa Madruga rebosa naturalidad y verismo. La dirección construye una obra en la que se implica personalmente: explica su propio relato de fascinación y curación.

Una de las películas mejores de Alain Tanner, que descontamina los sentidos y purifica el espíritu.
Miquel
 
Lilio   Pedreña (España)
Su valoración: Buena11 de Septiembre de 2006
Rara, hermosa, esquiva la pedantería y la solemnidad de la voz en off gracias a la interpretación de Bruno Ganz y de de algunas frases irónicas y prosaicas intercaladas entre la reflexiones del protagonista. Ideal para ver de insomnio, de madrugada.
Lilio

V de vendetta

 

 

V DE VENDETTA
Fecha estreno: 07/04/2006
Dirección:James McTeigue
Reparto:Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, John Hurt, Roger Allam, Sinead Cusack, Christopher Fosh
Duracion en min.132 min.
Calificación:NR-13
Enlaces:Abrir web oficial Web oficial
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VIÑETAS DE CÓMIC
 
 
Fotogramas de cómic
 
"V de Vendetta" es la última película que ha llegado a nuestra cartelera procedente del mundo del cómic, donde los personajes de Alan Moore y David Lloyd son reescritos desde el punto de vista de los Hermanos Wachowski 20 años después. Ellos son coguionistas y productores de esta gran versión que ha dirigido James McTeigue y de la que Moore ha renegado. Para que puedan disfrutar de esta historia, FOTOGRAMAS les ofrece en formato PDF una selección de las viñetas originales que han pasado a la gran pantalla tal cual, sin apenas variaciones.

El argumento. Londres, en un futuro no muy lejano. El gobierno está en manos de un tirano. El país está en bancarrota. Los medios de comunicación se basan en la mentira. La policía aterroriza a la población. Solo un hombre enmascarado, V (Hugo Weaving) parece capaz de acabar con la opresión y la corrupción. Cuando Evey (Natalie Portman) descubra el misterioso pasado de V, conocerá también la verdad sobre sí misma, y el papel que debe jugar en la revolución propugnada por el oscuro héroe.

Referentes: "Además de las fuentes que obviamente inspiraron a Alan Moore (La naranja mecánica -Stanley Kubrick, 1971-, 1984 -Michael Radford, 1984-, Fahrenheit 451 -François Truffaut, 1966-), yo siempre tuve en mente La batalla de Argel (Gillo Pontecorvo, 1965), que es una recreación muy realista de la revolución de los argelinos contra los franceses. Me interesan los peligros del extremismo, tanto el de un gobierno que abusa de su poder como el de un individuo que se toma la justicia por su mano. Es curioso: cuando la novela gráfica apareció en los años 80, la sociedad que describía no era tan cercana a la realidad como resulta hoy. En la actualidad, Londres es una ciudad alarmada por la amenaza terrorista, y sus calles están plagadas de cámaras de vigilancia", dice James McTeigue, director de la película.

Del cómic a la pantalla. "La novela gráfica de Alan Moore y David Lloyd es muy laberíntica. Posee diversas líneas argumentales que funcionan de maravilla en viñeta, pero que, en una película, representan demasiada información. Aun así, creo que el guión de Andy y Larry es bastante fiel al cómic. Creo que si Alan Moore se ha querido desvincular del proyecto es porque adaptaciones previas de su trabajo (Desde el Infierno -Albert y Allen Hughes, 2001-, La Liga de los Hombres Extraordinarios -Stephen Norrington, 2003-) no dieron buen resultado."