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El peso de los años

El peso de los años, como una piedra antigua, un día caerá del insondable tiempo hasta tus pies. Siéntate si estás echada; levántate si estás sentada y corre a un arroyo de aguas (si las encuentras) puras y transparentes. Inclínate y bebe en la cuenca de tu mano hasta sentir, irrefrenable, la invertida sed del vómito. No manches el arroyo, enjuágate la cara sin ensuciar su cauce. Regresa a tu casa y ayuna hasta el alba siguiente. Guarda toda la orina de la noche y muy temprano riega, con ella, la mata de albahaca. Sin recobrar  la juventud, serás más joven.

Héctor Abad Faciolince "Tratado de culinaria para mujeres tristes"

En las tardes de lluvia

En las tardes de lluvia menuda y persistente, si el amado está lejos y agobia el peso invisible de su ausencia, cortarás de tu huerto veintiocho hojas nuevas de hierba toronjil y las pondrás al fuego en un litro de agua para hacer infusión. En cuanto hierva el agua deja que el vapor moje las yemas de tus dedos y gírala tres veces con cuchara de palo. Bájala del fuego y deja que repose dos minutos. No le pongas azúcar, bébela sorbo a sorbo de espaldas a la tarde en una taza blanca. Si al promediar el litro no notas cierto alivio detrás del esternón, caliéntala de nuevo y échale dos cucharadas de panela rallada. Si al  terminar la tarde el agobio persiste, puedes estar segura de que él no volverá. O volverá otra tarde y muy cambiado ya.

Héctor Abad Faciolince  "Tratado de culinaria para mujeres tristes"

El Gran Silencio (2005)

Silencio, Ritmo, Repetición... El Gran Silencio muestra por primera vez el día a día dentro del "Grande Chartreuse" el monasterio de referencia en los Alpes franceses de la legendaria orden de los Cartujos. Una película austera, cercana a la meditación, al silencio, a la vida en estado puro. Sin música excepto los cantos de los monjes, sin entrevistas, sin comentarios, sin material adicional. Cambian las estaciones, los elementos cotidianos se repiten. Una película que no solo representa un monasterio sino que se transforma en uno. Una película sobre la presencia absoluta, sobre unos hombres que entregaron su vida a Dios en su forma más pura: la contemplación.

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EL GRAN SILENCIO

(Díe grobe stille, 2005). Dirección, guión, montaje y fotografía: Philip Groning. n      Un lugar libre de miedos: «El cine es capaz de hablar de lo más sublime. Al principio la idea no era rodar una película sobre la vida en un monasterio sino sobre el tiempo. Fue después cuando me vino la idea del mo­nasterio. Pero no quería hacer un típico documental informativo. Dentro de un monasterio nadie recibe 'infor­mación' sobre el monasterio. El monasterio es un lugar donde puedes enfrentarte a ti mismo y a tus preguntas más profundas. Eso es lo que yo he intentado hacer. Vivimos en un mundo en el que circula información por do­quier pero yo creo que sobra información y lo que falta es la experiencia... Lo que me ocurrió a mí es que nun­ca había visto un lugar donde la gente fuera tan alegre y tan libre, donde no existía el miedo. Porque nosotros vivimos en una sociedad cuyo motor principal es el miedo. Se piensa que el motor es el deseo de los bienes ma­teriales, pero eso no es más que una forma de esconder el miedo que hay detrás. A mí me cambió ver en la Car­tuja una vida marcada, no por el miedo, sino por la confianza total en que la vida va a mejor. Creemos que po­demos dar forma a nuestras vidas por nosotros mismos y que esa será la única manera de encontrar la felicidad. Ese es el motivo por el que tanta gente tiene miedo a la vida. El monasterio es un lugar libre de miedos. Uno tie­ne la edad que Dios le dice que tiene.» (Philip Groning)      n      Algo diferente: Habitualmente, cuando asistimos a una proyección cinematográfica, nos resulta fácil y có­modo abandonarnos a un ritmo, a una sucesión de secuencias, a un sonido, a unos diálogos e ideas... previsibles y familiares. El gran silencio nos propone algo diferente. El aspecto documental, la larga duración, la renuncia a cualquier sonido que no nazca de la realidad filmada y a un argumento que facilite la austera representación de la vida cotidiana en el gran monasterio cartujo, nos desafía a experimentar algo extraordinario. Fascinante e in­quietante para algunos. Monótono e interminable para otros. Sin que sean necesariamente los creyentes los más atraídos por la película, ni los agnósticos y ateos los más reticentes. n      Rodar lo que observaba: «Yo nunca les di la más mínima indicación. En un monasterio no les puedes decir: »Ahora reza con más energía, por favor«. Me limité a rodar lo que yo observaba: la Grande Chartreuse no im­ponía ningún tipo de condiciones excepto que no se utilizara luz artificial, que no se pusiera ninguna música adi­cional y que no se hiciera ningún comentario. Tampoco podía disponer de ningún equipo adicional, sólo podía estar yo. Estas condiciones encajaban perfectamente con mi concepto original, así que no fue ningún obstáculo para mí. Por otro lado, los únicos momentos en los que se habla, en la capilla y durante su paseo semanal, de­bían estar subtitulados (en total la película tiene doce subtítulos)...» (Philip Groning). n       Inquietudes más que creencias: Los premios de la crítica y la excelente acogida en las localidades más di­versas permiten pensar que aparecen reflejadas profundas apetencias humanas. n      Luz de siglos: «Yo no había oído hablar de Zurbarán antes de llevar mi película al Festival de Sevilla. Por tan­to, el clarooscuro de mi película no trataba de imitar el estilo de Zurbarán. Lo que ocurre es que al no poder in­troducir luz artificial en la Cartuja sólo me quedaba la luz natural del monasterio que, en cierto modo es obra de los monjes, porque ellos construyen los monasterios de forma que la luz sólo pueda entrar de cierta manera. Zur­barán se encontró con esta luz de la misma manera que me la he encontrado yo. La belleza de esas imágenes es el fruto del trabajo de cientos de años de vida monástica hasta llegar a una forma tan perfecta de celdas, de mue­bles, de salas... Viven allí desde hace casi mil años y se han acostumbrado al lugar » (Philip Groning).                                                                                                                                              augusto fernández 

Sopa de lo que hay

 

                 SOPA DE LO QUE HAY  (Julián Hernández)

Ignacio Gasea —donostiarra (q.e.p.d), más conocido co­mo Poch y cantante de Derribos Arias— tenía un menú impagable. Cuando la noche entraba en la hambruna más insoportable y todos los caraduras que se plantaban en su piso compartido de Madrid necesitaban sustento, el asalto a la despensa era inevitable. En ese momento, lo único comestible, lo único cocinable, era una sopa. ¿Qué clase de sopa? "¡Pues sopa de lo que hay!", decía Ignacio. Acto seguido procedía a calentar agua en un puchero. Cuando el líquido estaba hirviendo empezaban las dudas. "¿Y aho­ra qué le echamos?", preguntaba el más hambriento. En la despensa había fideos, así que nuestro chef los sacaba de su envoltorio y los arrojaba a la cacerola. "Seguro que falta sal", decía alguien. Cuando aparecía el salero, el maestro sopero y sus pinches no lo dudaban y lo arrojaban entero al mejunje en ciernes. "¿Y qué más tenemos?", seguía preguntando el más hambriento. Ni corto ni perezoso, el primero que pasaba por allí arrojaba un paquete de Duca­dos arrugado y a medio terminar; el segundo desenroscaba la bombilla de la lámpara del pasillo y hacía lo propio; el tercero, danzando como un chamán, introducía un meche­ro y un patito de goma que flotaba sobre la pócima salvaje. La lejía no tardaba en llegar, las pinzas de madera acompa­ñaban al patito en su travesía y un single de vinilo de Alaska y los Pegamoides servía para remover la poción mágica que jamás reviviría al coro de desahuciados que aullaban al son de la Velvet Underground por aquella casa. El Max's Kansas City jamás vio tal cosa.

El País (edición Galicia) 22 de febrero de 2007

Tratado de culinaria para mujeres triste

RECETAS LITERARIAS

Tratado de culinaria para mujeres tristes

Héctor Abad Faciolince (Medellín, Colombia 1958)

Ed. Alfaguara 1997, Santafé de Bogotá (Colombia)

"La muchacha del semáforo" de Joan Margarit

La muchacha del semáforo

Tienes la misma edad que yo tenía

cuando empecé a soñar en encontrarte.

Entonces no sabía, igual que tú

no has aprendido aún, que llega el día
en que el amor es este arma cargada
de soledad y de melancolía
que está apuntándote desde mis ojos.
Tú eres la muchacha que busqué
cuando aún no existías.
Y yo el hombre hacia el cual
querrás un día dirigir tus pasos.
Pero entonces estaré tan lejos de ti
como estás tú de mí en este semáforo.

-Joan Margarit

"Bando" de Manuel María

 

 

Prohíbeselle a lúa

andar ceiba de noite polo ceo.

A lúa é unha tola que anda espida

dando mal exempro ás nenas castas

i ós fillos de famillia.

Pagarán trabuco os poetas.

Prohíbese soñar de 10 na 11.

Prohíbese tamén derramar bágoas.

Pódese chorar tan só cando hai sequía

pra que non fiquen valeiros os pantanos.

 

                       Documentos personaes (1958)

Palíndromos (8-I-07)

 Cine club lumiere


 2004 USA - DIR: Todd Solondz
INT: Ellen Barkin, Jennifer Jason Leigh, Richard Masur, Matthew Faber, Stephen Adly Guirgis,Debria Monk, Sharon Wilkins, Angela Pietropinto, Bill Buell, Emani Sledge, Valerie ShusterovValoración:    *****   Imprescindible
      No es gratuito que Todd Solondz haya escogido una figura de estilo literaria para titular su última y arresgadísima película, porque el sentido último de su ficción está, precisamente, en el lenguaje: en las estrategias de auto-engaño que nos proporciona lo verbal para auto-definirnos como lo que, en el fondo, nunca seremos. Para el cineasta, el palíndromo (ese juego capicúa) proporciona una desoladora metáfora existencial determinista: nunca cambiamos, a pesar de que, en el camino, nos podamos ir apropiando de sucesivos textos (políticos, religiosos, morales) capaces de suministrar espejismos de sentido con fecha de caducidad.
Como si fuese un escritor del Oulipo (ese Taller de Literatura Potencial que reunió a talentos como Perec o Queneau), Solondz se impone un excéntrico corsé formal para testar su capacidad de convocar la emoción. El resultado (una película donde el personaje principal está interpretado por seis actrices ¿muy- distintas y un actor andrógino) es uno de los trabajos más poéticos, humanistas y conmovedores en la carrera del cineasta: un cuento cruel (sin hadas) habitado por una niña que quiere ser mamá y, para ello, escapa del hogar de los ogros (sus padres) para caer en la guarida de otros ogros (sus padres adoptivos), descubriendo en el trayecto la trágica soledad de unos cuantos dragones.La poesía de Solondz no es, definitivamente, para todos los gustos, como tampoco lo es su esquinado sentido del humor, pero pocas películas están tan bien diseñadas para romper los esquemas de todo tipo de espectador.

Para quienes quieran sentirse legítimamente provocados.Lo mejor: la insobornable valentía de Solnndz. Lo peor: que llegue tan tarde a nuestros cines.